===Cuentos de Navidad===

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===Cuentos de Navidad===

Mensaje por fabiolaselene el Vie Dic 16 2016, 10:55




Poca gente conoce la historia que os voy a contar, pero es importante que estéis avisados.

El villano de la Navidad

Papá Noel, todos sabemos quién es, tiene un hermano gemelo llamado Papá Niel. Ambos son rechonchos, rubicundos y de tupida barba blanca, y ambos gustan de hacer regalos a niños y mayores. La diferencia entre ellos está únicamente en el color de sus calzones térmicos y en la intención que ponen a la hora de hacer sus presentes.

Mientras que Papá Noel reparte sus encargos con la ilusión de agradar a sus destinatarios y de avivar en ellos la ilusión por la Navidad, Papá Niel fabrica dulces y golosinas que tienen en quienes las degustan justo el efecto contrario: se vuelven apáticos, descreídos y dejan de celebrar la Navidad argumentando mil excusas: que es solo un pretexto comercial para consumir, que no tiene ningún sentido, que los villancicos son cancioncillas odiosas, que detestan ser felices por imposición, etc, etc, etc. A buen seguro que todos conocéis a alguna persona que ha comido de estos dulces terribles.

El caso es que el hermano de oscuro corazón, disfrazado y confundiéndose con los muchos imitadores que tiene Papá Noel por ese tiempo, consigue infiltrar en tiendas y pastelerías sus semillas de desencanto bañadas en caramelo. Y suerte que el servicio de contra-desilusión funciona bastante bien, porque si no seríamos muchos más los que habríamos caído bajo el nefasto influjo de su obra.

Quizás os estéis preguntando por qué no se hace algo al respecto, por qué no se encierra a Papá Niel bajo llave, por ejemplo, para evitar sus fechorías. La respuesta es muy sencilla: Papá Noel confía ciegamente en que finalmente, a pesar de los obstáculos, vencerá el espíritu de la Navidad.

No importa cómo y ni de qué manera, pero las felicitaciones sinceras, la alegría contagiosa de los niños, los buenos deseos hacia el prójimo y la calidez de los corazones solidarios se convertirán en una cadena contagiosa. Y no habrá dulce emponzoñado capaz de anular su mágico efecto. Está en nosotros formar parte o no de esa cadena.

Yo solo os puedo dar este consejo: prestad atención a esta historia y no comáis demasiados dulces en Fiestas.

Julia C.
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Re: ===Cuentos de Navidad===

Mensaje por Joana el Vie Dic 16 2016, 23:21

Vértigo.
De todos los días de Navidad que he vivido, el del año en que tomé prestado aquel descapotable rojo fue sin duda el más señalado. Aún puedo sentir, mucho tiempo después, como se acelera mi corazón al revivir tanta emoción concentrada.
El viento moldeaba mis cabellos y la música atronaba mis oídos. A pesar de la endiablada velocidad y de una ruta infinitamente sinuosa, iba relajado al volante. Mi inmadurez se reflejaba en los continuos toques de claxon. O en los saludos a otros automovilistas con ambas manos, dejando al auto una iniciativa incierta. Las desquiciadas risas no cesaron cuando percibí un coche de la policía tras mi vehículo. La persecución era un nuevo aliciente de la fiesta. Curvas, música, claxon, luces,… Todo daba vueltas cuando comenzó a sonar la sirena. Me aferré al volante, pisé hasta el dolor el pedal del acelerador… pero el auto comenzó a perder velocidad. La aventura acababa y ya la sirena lo inundaba todo. Abatido, bajé del descapotable buscando una solución en el bolsillo. Era un duro remedio. Me acerqué a la ventanilla y saqué… otro billete para el tiovivo con las cinco pesetas que me daban de paga semanal a los siete años.


Angel Martínez Moar.
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Re: ===Cuentos de Navidad===

Mensaje por fabiolaselene el Vie Dic 16 2016, 23:41





Niño descalzo, basado en un cuento tradicional francés, nos habla de los valores de generosidad y bondad. Un niño que apenas tienen nada decide ser solidario con otro niño que tiene mucho menos que él. ¿Será recompensado de alguna forma?



Niño descalzo

Pierre era un niño que había perdido a sus padres y vivía con su tía, una mujer muy egoísta y avariciosa. Ella nunca le demostraba cariño. Ni siquiera le felicitaba por su cumpleaños. El pequeño, sin embargo, tenía un corazón bondadoso. Su tía era tan avara, que desde hacía tiempo no le compraba zapatos. Pierre se tallaba él mismo unos zuecos con un poco de madera.

El 24 de diciembre, Pierre estaba muy nervioso, ya que sabía que esa noche vendría Papá Noel. Esta deseando llegar a casa para dejar sus zuecos junto a la ventana. Sin embargo, al salir de la Misa del Gallo, Pierre vio a un niño muy pobre que tiritaba de frío en un rincón de la acera. No tenía zapatos y vestía de blanco. A Pierre le dio tanta pena, que se quitó uno de sus zuecos y se lo ofreció al niño.

Al regresar a casa, la tía de Pierre se enfureció al verle.

- ¡Ya has perdido uno de tus zuecos!- le gritó al niño- Ahora querrás tallar otro con uno de mis troncos para la chimenea. ¡Me lo tendrás que pagar! Por malo, esta noche en lugar de Papá Noel, vendrá el tío Latiguillo y te traerá carbón.

Pierre se fue muy triste a su cama. Pero antes dejó el zueco que le quedaba junto a la chimenea.

Al día siguiente, Pierre se llevó una gran sorpresa. Se levantó muy temprano, porque apenas podía dormir, y junto a la chimenea descubrió todos los regalos que deseaba recibir: abrigos, ropa nueva, zapatos, cuadernos para el colegio y algún juguete. Pierre fue corriendo a la ventana y al mirar al cielo, descubrió el trineo de Papá Noel que se alejaba. A su lado, viajaba un niño vestido de blanco. El niño al que le regaló su zueco. ¡Era el niño Jesús!
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Re: ===Cuentos de Navidad===

Mensaje por Joana el Sáb Dic 17 2016, 00:41

Fantasmas de Navidades pasadas

Siempre era igual, año tras año. Yo vivía con mis padres en una ciudad pequeña de la provincia de Buenos Aires, Argentina, y, en esa navidad inversa del cono sur, siempre era verano, siempre había olor a jazmines, siempre estaban abiertas las ventanas. Yo tenía 4, 5, 7 años y, a principios de diciembre, mi madre buscaba en un armario una caja de cartón y, de la caja, sacaba con cuidado exquisito, como si romper algo de todo eso pudiera alterar el equilibrio del universo, pequeños cogollos de diarios amarillos que envolvían los adornos de la Navidad pasada que eran los mismos de la Navidad anterior, y los de la anterior, y los de la anterior, y así hasta clavarse en un pasado apenas remoto en el que mi madre – que era tan joven –había empezado a comprar esos adornos con la gravedad de quien cultiva un tesoro para las generaciones por venir.

De esos envoltorios arrugados sacábamos, durante mucho rato, globos de colores lisérgicos, colgantes con la apariencia húmeda del acero, estrellas de brillantina, ángeles y conejos, las guirnaldas, y, ante cada una de esas cosas, dábamos grititos de asombro y de felicidad, como si el hecho de que todo aquello hubiera sido capaz de sobrevivir un año entero dentro de una caja de cartón fuera un milagro irrefutable. Yo desenvolvía esa materia fragilísima con temor reverente, sintiendo que cada paquete era el nido de un animal raquítico capaz de deshacerse entre mis garras de niña bruta y, al terminar, mirábamos aquella escarcha de colores como si fuera una joya esparcida por un huracán benigno que solo podía presagiar las mejores cosas.

De todas esas Navidades recuerdo, sobre todo, una. Yo debía de ser muy chica. Mi padre (un hombre de una belleza lesiva que él despreciaba peligrosamente) y mi madre (una mujer de formas suaves que se recogía el pelo con una peineta que manejaba con destreza emocionante) me llevaron una Nochebuena hasta el fondo de la casa, al patio con jazmines y rosas y un olivo y dos parras, y allí, frente al océano de césped recién regado que reverberaba en la noche como el lomo de un animal magnífico, bajo el cielo duro de estrellas, señalando algún lugar sobre la copa de los árboles, me dijeron “¡Ahí viene!”. Y yo levanté la vista y lo vi: Papá Noel surcando el cielo del verano, con su trineo y sus renos, navegando aquella oscuridad sin fondo y sin amenazas. Y no quiero decir “creo que lo vi”. Digo: lo vi. Porque yo hubiera creído cualquier cosa que me dijeran mis padres. Porque mis padres eran, por entonces, mis héroes.

Después, el tiempo pasa. Todo se llena de ruido y de furia, de hostilidad y de confusión, y ya no hay Navidades como aquellas. Pero, sin embargo, a décadas de aquella infancia, yo, que no creo en nada, que no tengo religión ni dios ni santo (ni quiero una sola de todas esas cosas), sigo armando, año tras año, el árbol de Navidad. Aunque por esas fechas lo paso bien y mal y peor (Y a veces francamente pésimo), sigo armando el árbol y comprando adornos y sacándolos de cajas hermosas donde esperan hermosamente envueltos.

En un mundo en el que el horror adulto ante las celebraciones del final del año es ya un lugar común, yo, que ni siquiera tengo la fe que las motiva, celebro la Navidad. Pero no para evocar un tiempo en el que todos éramos mejores (porque no creo que haya habido un tiempo en el que todos fuéramos mejores), ni porque quiera volver a ser la niña que fui (porque todos y cada uno de los días en que fui una niña quise ser esto que soy: adulta), ni porque aquel mundo haya sido un mundo blindadamente idílico, porque no lo era: porque guardaba, en el anverso, abismos de temible oscuridad. No. Yo no celebro la Navidad con la esperanza de que haya, alguna vez, Navidades como aquellas: la celebro, precisamente porque sé que ya no habrá Navidades como aquellas. Porque sé que jamás volveremos a ser inocentes (si es que alguna vez lo fuimos), y porque nuestros padres ya no son nuestros héroes (si es que alguna vez lo fueron), y porque puedo (y me gusta) vivir sin todas esas cosas: sin bramar por todo lo que estuvo y ya no está, por todo lo que pudo ser y ya no será nunca. Y aunque Papá Noel ya no viene volando desde ninguna parte surcando ningún cielo duro de estrellas, yo armo árboles de Navidad, año tras año, porque es mi manera de mirar a los ojos a los fantasmas de las Navidades pasadas (y a sus largos colmillos que cantan la engañosa canción de la felicidad perdida para siempre) y descubrir, una y otra vez, que no me arrasan, que no me hacen temblar. Y esa es mi idea del coraje.

Feliz Navidad.

Leila Guerriero
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Re: ===Cuentos de Navidad===

Mensaje por fabiolaselene el Sáb Dic 17 2016, 03:22



Un cuento ambientado en Navidad, que habla de bondad, generosidad y agradecimiento, tres valores fundamentales para la educación de los niños.

El cuento infantil del zapatero y los duendes

Había una vez un zapatero muy pobre, muy pobre, que trabajaba día y noche para sacar adelante su hogar. Su mujer no tenía trabajo y no tenían hijos. El zapatero cada vez vendía menos zapatos. Era Navidad, y hacía frío, y se quedó sin dinero para comprar un poco de cuero y seguir trabajando.

- 'Este es mi último par de tiras de piel - le dijo apenado a su mujer- Mañana terminaré mi último par de zapatos. Si no los vendo bien, no tendré dinero para comprar más cuero'.

El zapatero se fue a dormir. Pero esa noche ocurrió algo increíble. En cuanto el reloj dio las 12 campanadas, dos pequeños duendes aparecieron como por arte de magia en la casa del zapatero. Estaban desnudos, y tenía frío. Vieron las tiras de piel sobre la mesa, pero en vez de usarlas para abrigarse, comenzaron a coser unos zapatos para el zapatero. Sus manos eran pequeñas y las puntadas muy finas. Consiguieron terminar los zapatos más perfectos que jamás había hecho nadie.

Cuando el zapatero se despertó, vio el par de zapatos sobre la mesa. No podía creer lo que veía. Llamó a su mujer y le mostró el milagro. Eran los zapatos más perfectos y elegantes que había visto nunca. Nada más ponerlos en el escaparate, entró un hombre y los compró por muy buen precio. Gracias a ese dinero, el zapatero pudo comprar más cuero para hacer más zapatos. Y esa noche, se repitió la historia. Los duendes aparecieron a las 12 en punto y volvieron a coser, en este caso, dos pares de zapatos.

Y así pasó un día, y otro y otro más. Sus zapatos eran los mejores, y el zapatero se hizo muy pronto con un grupo de clientes ricos y agradecidos que admiraban su trabajo.

Pero el zapatero quería saber qué pasaba cada noche. Su curiosidad le hizo esperar un día escondido tras un sillón. Entonces, lo vio todo. A las 12, una vez más, aparecieron los duendes, desnudos y muertos de frío. El zapatero les miró con asombro y se entristeció. Al día siguiente, se lo contó a su mujer y entre los dos decidieron preparar ropa y unos zapatos diminutos para ellos. Era Nochebuena. Los dejaron sobre la mesa y se fueron a dormir.

Los duendecillos aparecieron a las 12 como cada noche, y descubrieron emocionados la zopa y los zapatos.

- ¡Será para nosotros!- dijeron.

Se pusieron con rapidez la ropa. Se calzaron los zapatos y se alejaron muy felices y agradecidos cantando: - 'por fin somos duendecillos elegantes'.

El zapatero y su mujer se alegraron mucho al ver que los duendes se habían llevado su regalo. No volvieron a verles, pero el zapatero continuó trabajando y jamás le faltó un cliente.
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Re: ===Cuentos de Navidad===

Mensaje por fabiolaselene el Dom Dic 18 2016, 04:02



La Navidad de Romina

Romina era una niña muy simpática que vivía con su padre en una cabaña alejada de la gran ciudad. Su padre era leñador y ella solía ayudarlo muchísimo. Pero la niña deseaba tener una vida distinta.

A su escuela iban niñas de todas las clases y muchas de ellas pertenecían a familias acomodadas. Iban al colegio con sus mejores galas y cuando se estaba acercando la época de la Navidad no se aburrían de contar todas las cosas que le pedirían a Santa Claus, convencidas de que él se las dejaría junto a la chimenea de sus fabulosas casas.

Romina nunca había tenido un regalo de navidad. Su padre le había explicado que ésta era una fiesta creada para demostrar cuánto se podía comprar y que él no estaba de acuerdo con eso; además, no tenía dinero para comprar regalos. Romina lo entendía, pero en el fondo sufría muchísimo su situación porque también le habría gustado contar lo que pensaba pedir para Navidad.

Cuando llegó el día de la Nochebuena Romina preparó como siempre algo para comer y estaba por irse a dormir cuando oyó un ruido en la puerta de la casa. Salió con una linterna y encontró metido en una lata vieja un gatito que chillaba sin césar. La niña se le acercó, logró cogerlo y lo llevó junto al fuego para que se calentara.

Cuando pasaron las vacaciones de Navidad y le tocó regresar al colegio su alegría era tan grande que no cabía en sí de la emoción. Y cuando todas sus compañeras hablaron de las muchas cosas que le había traído Santa Claus sintió pena por ellas. Se pasó todo el día pensando en qué estaría haciendo Michón, que así le había puesto a su nuevo amigo, y comprendió con total certeza a qué se refería su padre cuando decía que esas eran fiestas para personas que no tuvieran un objetivo claro en la vida . Ella sabía que quería a Michón y a su padre y que vivir en el bosque era una de las grandes suertes de su vida.

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Re: ===Cuentos de Navidad===

Mensaje por pato el Dom Dic 18 2016, 04:16


El conejito burlón

Vivía en el bosque verde un conejito dulce, tierno y esponjoso. Siempre que veía algún animal del bosque, se burlaba de él. Un día estabada sentado a la sombra de un árbol, cuando se le acercó una ardilla.
- Hola señor conejo.

Y el conejo mirando hacia él le sacó la lengua y salió corriendo. Que maleducado, pensó la ardilla. De camino a su madriguera, se encontró con una cervatillo, que también quiso saludarle:
- Buenos días señor conejo; y de nuevo el conejo sacó su lengua al cervatillo y se fue corriendo. Así una y otra vez a todos los animales del bosque que se iba encontrando en su camino.

Un dia todos los animales decidieron darle un buena lección, y se pusieron de acuerdo para que cuando alguno de ellos viera al conejo, no le saludara. Harían como sino le vieran. Y así ocurrió.
En los días siguientes todo el mundo ignoró al conejo. Nadie hablaba con él ni le saludaba. Un dia organizando una fiesta todos los animales del bosque, el conejo pudo escuchar el lugar donde se iba a celebrar y pensó en ir, aunque no le hubiesen invitado.

Aquella tarde cuando todos los animales se divertían, apareció el conejo en medio de la fiesta. Todo hicieron como sino le veían. El conejo abrumado ante la falta de atención de sus compañeros decidió marcharse con las orejas bajas. Los animales, dandóles pena del pobre conejo, decidieron irle a buscar a su madriguera e invitarle a la fiesta. No sin antes hacerle prometer que nunca más haría burla a ninguno de los animales del bosque.
El conejo muy contento, prometió no burlarse nunca más de sus amigos del bosque, y todos se divirtieron mucho en la fiesta y vivieron muy felices para siempre.
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Re: ===Cuentos de Navidad===

Mensaje por Faylinn el Dom Dic 18 2016, 04:19

pato escribió:

El conejito burlón

Vivía en el bosque verde un conejito dulce, tierno y esponjoso. Siempre que veía algún animal del bosque, se burlaba de él. Un día estabada sentado a la sombra de un árbol, cuando se le acercó una ardilla.
- Hola señor conejo.

Y el conejo mirando hacia él le sacó la lengua y salió corriendo. Que maleducado, pensó la ardilla. De camino a su madriguera, se encontró con una cervatillo, que también quiso saludarle:
- Buenos días señor conejo; y de nuevo el conejo sacó su lengua al cervatillo y se fue corriendo. Así una y otra vez a todos los animales del bosque que se iba encontrando en su camino.

Un dia todos los animales decidieron darle un buena lección, y se pusieron de acuerdo para que cuando alguno de ellos viera al conejo, no le saludara. Harían como sino le vieran. Y así ocurrió.
En los días siguientes todo el mundo ignoró al conejo. Nadie hablaba con él ni le saludaba. Un dia organizando una fiesta todos los animales del bosque, el conejo pudo escuchar el lugar donde se iba a celebrar y pensó en ir, aunque no le hubiesen invitado.

Aquella tarde cuando todos los animales se divertían, apareció el conejo en medio de la fiesta. Todo hicieron como sino le veían. El conejo abrumado ante la falta de atención de sus compañeros decidió marcharse con las orejas bajas. Los animales, dandóles pena del pobre conejo, decidieron irle a buscar a su madriguera e invitarle a la fiesta. No sin antes hacerle prometer que nunca más haría burla a ninguno de los animales del bosque.
El conejo muy contento, prometió no burlarse nunca más de sus amigos del bosque, y todos se divirtieron mucho en la fiesta y vivieron muy felices para siempre.

aplauso aplauso Muy bonito este cuento, Patito abrazo1
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Re: ===Cuentos de Navidad===

Mensaje por pato el Dom Dic 18 2016, 04:28

Gracias Fay abrazo1 besos
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Re: ===Cuentos de Navidad===

Mensaje por fabiolaselene el Lun Dic 19 2016, 03:23




La ventana.

La Navidad había llegado al pequeño pueblo. Allí, donde apenas vivían unas diez familias, los días de las fiestas eran sumamente especiales. Incluso parecía como si mucha más gente habitara en las pocas casas que conformaban el casco.

Gustavo vivía en una casita que estaba al final de la urbanización, si se le puede llamar así. Compartía su casa con su madre viuda y una abuela cascarrabias que no quería a nadie, ni siquiera a su propia hija, con la que siempre estaba discutiendo y peleando.

Cuando se se acercaba la Navidad Gustavo se ponía muy contento porque durante esos días lo dejaban deambular solo por el pueblo; lo que no le gustaba de estas fechas era que su abuela siempre se ponía más insoportable porque no le gustaba que la gente festejara y derrochara el tiempo en comidas grupales y esas cosas. Ella prefería quedarse con su máquina de coser, mirando por la ventana hacia alguna parte que Gustavo no sabía qué era.

Ese año la Navidad se presentaba algo más especial porque unos reyes vendrían a visitarlos. Eran unos viajeros que iban de pueblo en pueblo emulando el viaje de los reyes magos. Gustavo se puso tan contento y tanto se entusiasmó que durante días no pudo pensar en otra cosa.

Pocos días antes de la fecha en la que llegarían estos extraños visitantes comenzó a llover tanto que se inundaron todos los caminos. El pueblo quedó completamente aislado y se suspendieron la mayoría de las fiestas. Gustavo estaba muy triste sobre todo por haberse perdido la oportunidad de conocer a esos reyes que venían de otro sitio.

Una tarde mientras estaba tomando la merienda absolutamente absorto en la pared de la cocina de su casa, su abuela dejó la máquina de coser y se le sentó al lado. ‘¿Por qué estás tan triste, Gustavo?’ El niño se sorprendió mucho; jamás su abuela se había preocupado por cómo estaba él. ‘Es que me gustaría saber cómo es afuera y ellos podrían habérmelo dicho’. ‘No te preocupes, lo sabrás. Algún día podrás dejar este lugar y viajar a donde quieras pero mientras tanto en vez de quedarte mirando hacia esa pared podrías hacer como yo, a través de esa ventana verás el campo: ahí afuera es donde se cuece la vida’.

El niño se quedó sorprendido por la sabiduría de su abuela y le hizo caso. Desde ese día pasaba muchas tardes sentado frente a la ventana, observando la línea del horizonte que cada vez se acercaba más y soñando con que un día él también podría ser un rey mago para pasear de pueblo en pueblo llevando la alegría a los niños que soñaban con vivir en otra parte.

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Re: ===Cuentos de Navidad===

Mensaje por fabiolaselene el Lun Dic 19 2016, 03:27




El árbol de navidad

Lía miraba el árbol anonadada. Siempre le habían gustado los abetos pero nunca se había parado tan cerca de uno. Estaba feliz porque finalmente su padre se había decidido a sembrar uno en el jardín. El árbol extendía sus brazos como queriendo abrazar el mundo y ella sentía que a su lado siempre podría estar a salvo, y soñaba con que crecerían juntos y serían amigos para siempre.

Una tarde cuando Lía regresó del colegio el árbol había sido talado. Junto al hogar del salón se hallaba un trozo de él, su verde copa enterrada en un cajón de madera y llena de adornos y luces. Su padre la recibió con una gran sonrisa y le dijo. ‘Este año tendremos el mejor árbol de navidad del lugar, hijita’. Lía salió corriendo y se encerró en su habitación.

Durante días su padre intentó comprender qué le ocurría; ella no sabía cómo expresarlo. Finalmente le dijo que no le gustaba cómo se veía con las luces, que lo prefería en el jardín, con sus ramas llenas de pajaritos. Su padre le dijo que los abetos se compraban para ser talados en navidad y armar el árbol pero Lía que era una niña muy inteligente le respondió que le daba igual lo que él y el mundo pensara que ella sabía que los abetos eran criaturas maravillosas y que no era justo que se las considerara meros objetos navideños.

La tristeza de la niña se calmó cuando unos meses más tarde comprobó que el tronco talado tenía nuevos y verdes brotes. Durante un largo tiempo estuvo mimándolo y ocupándose de que las hormigas no lo convirtieran en su sustento para el invierno. Llegó nuevamente la navidad y el abeto estaba rebosante de vida. Esta vez Lía se movió más deprisa que su padre y llevó los adornos y las luces al jardín. Cuando su padre vio lo que su hija había hecho: un precioso árbol vivo y navideño, se sintió orgulloso de ella y le prometió que nunca más talaría el abeto.

A partir de ese año, el árbol fue el gran protagonista de las navidades familiares; en torno a él bailaban y cantaban todos los humanos, uniéndose al coro de pajaritos y lombrices que vivían en su enorme copa.

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Re: ===Cuentos de Navidad===

Mensaje por fabiolaselene el Mar Dic 20 2016, 11:15




Navidades a la fuerza

Hace muchos años, un hombre llamado Casimiro, estaba tan cansado de ver cada día noticias malas, que deseo tener una Navidad en la que todo el mundo fuera verdaderamente bueno y generoso.

Al salir a la calle, descubrió a todo el mundo haciendo cosas totalmente increíbles: los conductores no insultaban a nadie si se cruzaba por un sitio inadecuado, los gamberros trataban correctamente a los animales e incluso, una mujer con pinta de poseer mucho dinero, donó todo lo que llevaba encima a un mendigo que pedía unas monedas para seguir sobreviviendo.

Tan complacido estaba con lo que veía, que decidió al supermercado en el que solía hacer sus compras normalmente, para dejarle a una pequeña propina, a esa cajera con tan poca suerte en la vida. Lo que no se esperaba, es que en lugar de la propina, una fuerza invisible le obligó a entregarle casi todo el dinero que tenía en la cartera. Confundido ante aquel ataque de generosidad tan repentino, se alejó de allí con la intención de ir al gimnasio. Un lugar al que no consiguió llegar, ya que se confundió de bus y acabó en la galería más peligrosa de la cárcel, compartiendo la tarde con los presos.

Muy enfadado consigo mismo, por hacer ese tipo de cosas en contra de su voluntad, cayó en la cuenta de que eran situaciones provocadas por su deseo. Unas situaciones, que no fueron todo lo agradables que a él le hubieran gustado y gracias a las cuales descubrió, que no era el más indicado para dar lecciones de espíritu navideño, puesto que su justicia y generosidad eran iguales que las demás.

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Re: ===Cuentos de Navidad===

Mensaje por fabiolaselene el Vie Dic 23 2016, 10:50



El gigante egoísta

Cada tarde, a la salida de la escuela, los niños se iban a jugar al jardín del Gigante. Era un jardín amplio y hermoso, con arbustos de flores y cubierto de césped verde y suave. Los pájaros se apoyaban en el ramaje de los árboles, y cantaban con tanta dulzura, que los niños dejaban de jugar para escuchar sus trinos.
Los niños eran felices allí.

Pero un día el Gigante regresó. Había ido a visitar su amigo el Ogro de Comish, y se había quedado con él durante los últimos siete años. Durante ese tiempo ya se habían dicho todo lo que se tenían que decir, pues su conversación era limitada, y el Gigante sintió el deseo de volver a su mansión. Al llegar, lo primero que vio fue a los niños jugando en el jardín.

Furioso, el Gigante les dijo con voz retumbante:
- ¿Qué hacen aquí?
Los niños escaparon corriendo en desbandada.
Y continuó el Gigante:
- Este jardín es mío. Es mí jardín propio. Todo el mundo debe entender eso, y no dejaré que nadie se meta a jugar aquí.
Enseguida, puso un cartel que decía:
"ENTRADA ESTRICTAMENTE PROHIBIDA BAJO LAS PENAS CONSIGUIENTES"
Era un Gigante egoísta.
Los niños se quedaron sin tener donde jugar. Intentaron jugar en otros lugares, pero no les gustó. Y al pasaren cerca del jardín del Gigante, pensaban en cómo habían sido felices allí.

Cuando la primavera volvió, toda la ciudad se pobló de pájaros y flores. Sin embargo, en el jardín del Gigante Egoísta seguía el invierno. Como no había niños, los pájaros no cantaban, y los árboles no florecían. Sólo una vez una lindísima flor se asomó entre la hierba, pero apenas vio el cartel, se sintió tan triste por los niños que volvió a meterse bajo tierra. Los únicos que allí se sentían a gusto eran la Nieve y la Escarcha que, observando que la primavera se había olvidado de aquel jardín, estaban dispuestos a quedar allí todo el resto del año.
La Nieve cubrió la tierra con su gran manto blanco, y la Escarcha cubrió de plata los árboles. Invitaron a su triste amigo el Viento del Norte para que pasara con ellos el invierno. Y el Viento del Norte invitó a su amigo granizo, que también se unió a ellos.

Mientras tanto, el Gigante Egoísta, al asomarse a la ventana de su casa, vio que su jardín todavía estaba cubierto de gris y blanco. Y pensó:
- No entiendo por qué la primavera se demora tanto en llegar aquí. Espero que pronto cambie el tiempo.
Pero la primavera no llegó nunca, ni tampoco el verano. El otoño dio frutos dorados en todos los jardines, pero al jardín del Gigante no le dio ninguno.
Los frutales decían:
- Es un gigante demasiado egoísta.
De esta manera, el jardín del Gigante quedó para siempre sumido en el invierno, y el viento del Norte, el Granizo, la Escarcha, y la Nieve bailoteaban lamentablemente entre los árboles.

Una mañana, el Gigante estaba todavía en la cama cuando oyó que una música muy hermosa llegaba desde afuera. Sonaba tan dulce en sus oídos, que pensó que tenía que ser el rey de los elfos que pasaba por allí. En realidad, era sólo un jilguerito que estaba cantando frente a su ventada, pero hacía tanto tiempo que el Gigante no escuchaba cantar ni un pájaro en su jardín, que le pareció escuchar la música más bella del mundo. Entonces el Granizo detuvo su danza, y el Viento del Norte dejó de rugir, y un perfume delicioso penetró por entre las persianas abiertas.
- ¡Qué bueno! Parece que al fin llegó la primavera - dijo el Gigante, y saltó de la cama para correr a la ventana.
¿Y qué es lo que vio?

Ante sus ojos había un espectáculo maravilloso. Los niños habían entrado al jardín a través de una brecha del muro, y se habían trepado a los árboles, En cada árbol había un niño, y los árboles estaban tan felices que se habían cubierto de flores. Los pájaros revoloteaban cantando alrededor de ellos. Era realmente un espectáculo muy bello.
Sólo era invierno en un rincón. Era el rincón más apartado del jardín, y en él se encontraba un niñito. Pero era tan pequeñín que no lograba alcanzar a las ramas del árbol, y el niño daba vueltas alrededor del viejo tronco llorando amargamente. El pobre árbol estaba todavía cubierto de escarcha y nieve, y el Viento del Norte soplaba y rugía sobre él.

El Gigante sintió que el corazón se le derretía.
- ¡Cómo he sido egoísta! - exclamó-Ahora sé por qué la primavera no quería venir hasta aquí. Subiré a ese pobre niñito al árbol y después voy a botar el muro. Desde hoy mi jardín será para siempre un lugar de juegos para los niños. El Gigante estaba de veras arrepentido por lo que había hecho.
Bajó entonces la escalera, abrió cautelosamente la puerta de la casa, y entró en el jardín. Pero en cuanto lo vieron los niños se aterrorizaron, salieron a escape, y en el jardín volvió a ser invierno otra vez. Sólo el niño pequeñín del rincón no escapó porque tenía los ojos tan llenos de lágrimas que no vio venir al Gigante. El Gigante se le acercó por detrás, lo tomó gentilmente entre sus manos, y lo subió al árbol. Y el árbol floreció de repente, y los pájaros vinieron a cantar, y el niño abrazó el cuello del Gigante y lo besó. Los otros niños, cuando vieron que el Gigante no era malo, volvieron corriendo. Con ellos la primavera regresó al jardín.
Y les dijo el Gigante:
- De ahora en adelante, el jardín será vuestro.
Y tomando un hacha, echó abajo el muro.

Al mediodía, cuando la gente se dirigía al mercado, todos pudieron ver al Gigante jugando con los niños. Estuvieron jugando allí todo el día, y al llegar la noche los niños fueron a despedirse del Gigante.
- Pero ¿dónde está el más pequeño? - Preguntó el Gigante-, ¿ese niño que subí al árbol del rincón?
El Gigante lo quería más que a los otros, porque el pequeño le había dado un beso.
- No lo sabemos -respondieron los niños-, se marchó solito.
- Díganle que vuelva mañana - dijo el Gigante.
Pero los niños contestaron que no sabían donde vivía, y que nunca lo habían visto antes. Y el Gigante se quedó muy triste.
Todas las tardes al salir de la escuela los niños iban a jugar con el Gigante. Pero no volvieron a ver el niño pequeñito. El Gigante lo echaba de menos.

Fueron pasando los años, y el Gigante se puso viejo y sus fuerzas se debilitaron. Ya no podía jugar. Pero, sentado en un enorme sillón, miraba jugar a los niños y admiraba su jardín.
-Tengo flores hermosas - se decía-, pero los niños son lo más hermoso de todo.
Una mañana de invierno, miró por la ventada mientras se vestía. Ya no odiaba el invierno pues sabía que el invierno era simplemente la primavera dormida, y que las flores estaban descansando.
Sin embargo, de pronto se restregó los ojos, maravillado, y miró, miró…..
En el rincón más lejano del jardín había un árbol cubierto de flores blancas. Todas sus ramas eran doradas, y de ellas colgaban frutos de plata. Debajo del árbol estaba parado el pequeñito a quien tanto había echado de menos.
Lleno de alegría el Gigante se acercó al niño y notó que él tenía heridas de claros en las manos y en los pies. Preocupado, y a gritos, el Gigante le preguntó quién se había atrevido a hacerle daño. Entonces el niño sonrió al Gigante, y le dijo:
- ¡No! Estas son las heridas del Amor.
- ¿Quién eres tú, mi pequeño niñito? - preguntó el Gigante, y un extraño temor lo invadió, y cayó de rodillas ante el pequeño.
Entonces el niño sonrió al Gigante, y le dijo:
- Una vez tú me dejaste jugar en tu jardín; hoy jugarás conmigo en el jardín mío, que es el Paraíso.
Y cuando los niños llegaron esa tarde, encontraron al Gigante muerto debajo del árbol. Parecía dormir, y estaba entero cubierto de flores blancas.
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Re: ===Cuentos de Navidad===

Mensaje por fabiolaselene el Dom Dic 25 2016, 22:46



LA NAVIDAD DE LOS INVISIBLES

Algunos extraviados y olvidados arreciados de frío se apretujan junto al fuego, miran hipnotizados el baile de las llamas. No dicen nada, hay poco que contar. Todos están por lo mismo, o parecido. Son sólo los restos de gente que nadie ve y conoce. Personas perdidas, muy lejos de cualquier lugar de este mundo o de cualquier otro.
La vida los ha olvidado mientras sus voces se han ido acallando, sus historias sólo hablan de tristes y lejanas despedidas más allá de cualquier horizonte. Cada uno intenta parecer lo que nunca ha sido en vano, mientras la pena que vive en el fondo de sus ojos habla por ellos, ella nos cuenta lo que se perdió o lo que nunca se alcanzó.
Solo hay sueños demasiados lejanos en sus largas noches,  lágrimas de un corazón que ya sólo parece latirles por inercia. Sin embargo, un día creyeron que el mundo era para todos, que el amor no moriría nunca, que la vida sería bonita y que el cielo estaba al alcance de sus manos. Últimos sueños que se guardan sin tocar por miedo a romperlos y que desaparezcan para siempre.
Nadie levanta la mirada cuando alguien nuevo se sienta a su lado, conocen bien la vergüenza del fracaso y el dolor del que sabe lo que cuesta la derrota.
Las lágrimas silenciosas del desarraigo, del exilio, del que grita sin voz en medio de una multitud ciega,  sorda y muda. Todos saben que el futuro no existe y nadie habla del pasado, aquí sobran las palabras porque los ojos perdidos lo dicen todo.
El color de la piel no significa nada, al hambre y al frío no suelen importarles demasiado, tratan a todos del mismo modo. A medida que van llegando más sombras vestidas de harapos, el fuego crece, todos procuran calentarse los miembros ateridos. Mientras sus espaldas heladas se estremecen bajo los crueles mordiscos del viento frío del norte.
Sin embargo hoy no es una noche cualquiera, es nochebuena y alguien saca un cartón de vino; otro un poco de pan, más vino, algo de embutido, quizá alguna galleta de chocolate. En algún momento, el que sabe algún villancico empieza a cantar, al rato coreado por voces cascadas y rotas. Voces del mundo de los invisibles en medio de la nada.
Por un momento, bajo aquel puente y alrededor del fuego se sienten otra vez como en familia, casi cogidos de la mano gritando su derecho a ser felices a los cielos mudos, sordos y tan lejanos. Olvidando por un momento el lugar, las penas, la soledad. Sintiendo el calor y el apoyo de la persona que está a su lado.
Puede que después vuelvan las lágrimas y la tristeza, pero por un momento volvieron a sus casas con sus seres queridos, esos que sólo viven en los recuerdos pero que calientan, tanto o más sus gastadas pieles que este fuego que les ha unido bajo el mismo techo.
Esta noche, no es una noche cualquiera.
Esta noche es toda suya, la de los olvidados, perdidos, exiliados, extranjeros, desahuciados, solitarios, pobres y hambrientos de calor humano que mientras cantan, sueñan con los ojos abiertos, porque soñar es gratis y a veces calienta los corazones.

Los encontraréis en cualquier ciudad en cualquier parte del mundo, siempre y cuando los busquéis, prometo que no están tan lejos. Quizá los tengáis viviendo en vuestros portales.
Va por ellos, por los que nunca veis, por los invisibles.

Albert Gran
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Re: ===Cuentos de Navidad===

Mensaje por fabiolaselene el Lun Dic 26 2016, 10:40



La última navidad de Sofía

Un año más Sofía miraba por la ventana. La ciudad entera se preparaba para recibir la navidad, ella no. Sería una nochebuena como todas las anteriores. No recordaba una sola navidad feliz. Se veía a sí misma año tras año mirando la vida desde la ventana de su casa: niños correteando con sus regalos nuevos (teniendo esas infancias que ella no había podido disfrutar), familias cantando y riendo, y gente pasando horas y días espléndidos. Año tras año, la vida ocurría detrás de su ventana.

Ahora, sentada en el salón de su casa, se preparaba para una navidad exacta a las anteriores. Las calles se hallaban invadidas de música y gritos de alegría. ¡Si hasta los gatos callejeros parecían esperar la navidad con más ansias que ella!

Su profunda tristeza le impidió divisar la sombra que atravesando la ventana vino a ubicarse justo delante de donde ella se encontraba. Por eso, cuando esas manitas blancas y diminutas se posaron sobre su cabeza se sobresaltó violentamente.
—¿Quién eres?
—Puedo ayudarte.
—Y ¿por qué habría de confiar en ti?
—¿Por qué no tienes muchas otras opciones?
—¡Vete!
—Está bien, veo que prefieres pasar unas nuevas navidades sola…
El ser diminuto se disponía a marcharse cuando Sofía lo detuvo:
—Espera… ¿Dices que puedes hacer algo para cambiar eso?
—Ajam…
—¿Y qué?
—Lo que yo haga no importa, el asunto es qué hagas tú. Puedes elegir continuar así muchos años más o vivir una última navidad feliz, como nunca la has vivido.
Sofía dudó. Habría pagado, incluso, si hubiera sido necesario… Sin pensarlo mucho, le dijo que aceptaba. Apenas terminó de hablar, el diminuto personaje desapareció, y ella se entristeció, cansada de seguir creyendo en espejismos.
El timbre de la casa sonaba sin cesar. Sofía se levantó y atendió. En su cabeza todavía flotaban los últimos acordes del sueño. Habían traído un enorme paquete para ella, y ¡llevaba su nombre! Nunca antes había recibido un regalo. Lo abrió embargada por la ilusión. La caja gigante estaba llena de papeles y tenía otra caja un poco más chica, pero con el mismo contenido. Comenzó a quitar papeles y cajas, como si de una cebolla se tratara, y cuando ya estaba rota de desilusión descubrió que la última era una cajita diminuta en la que había una invitación. “Sofía, te esperamos esta nochebuena para disfrutar de una velada única. No faltes. Tus amigos”.
No había recuerdos en el imaginario de Sofía que pudieran compararse con esa noche. Se sintió profundamente feliz y a gusto en medio de mucha gente que la saludaba de forma afectuosa y le deseaba una buena navidad. Y se olvidó de todos los años anteriores, solitarios y resecos.
Cuando los vecinos vieron el alto fuego que avanzaba hacia el techo de la casa de Sofía, llamaron a los bomberos. Pero, por mucho esfuerzo que pusieron todos, no pudieron hacer nada. Cuando los bomberos subieron a su dormitorio, encontraron a Sofía sonriendo, aún vestida de gala. Jamás se explicaron cómo había fallecido, teniendo en cuenta que la ventana de su dormitorio se hallaba entornada.
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Re: ===Cuentos de Navidad===

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