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Mensaje por fabiolaselene el Vie Ago 19 2016, 02:13



LAS PALABRAS VIAJAN
De Mª Teresa Di Dio

Las palabras son viajeras incansables, recorren nuestra vida desde la niñez. Mi padre seguramente sabía eso, pues cada noche desde que tengo memoria me contaba historias inventadas que continuaban día tras día.
Capítulo I
Un sinfín de palabras han viajado por el cielo…cuentos para los niños que están por dormir. PALABRA era muy bonita, volaba entre las nubes con sus alas coloridas cada vez que alguien la nombraba ella estaba dispuesta a viajar hacia ese lugar para integrarse al cuento que debería ser escrito .
Ese día llegó muy rápido pues se hacía tarde para formar parte del cuento. Era un día de mucho calor y las mariposas volaban sobre las flores, PALABRA buscó entre los canteros al niño que regaba las plantas, cuando lo encontró se interesó en preguntarle qué cuento le había gustado más…
El niño le dice que nunca había leído un cuento…ella o sea PALABRA se sintió muy infeliz pues pensó que todos los niños tenían sus libros de cuentos.

Continuará…

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Mensaje por fabiolaselene el Vie Ago 19 2016, 02:13



Las palabras viajan – Capítulo II

El otoño se adelanta, los árboles dejan caer sus hojas formando una alfombra sobre el pasto.

El niño que nunca había leído cuentos caminaba despacio pensando en lo difícil que era su vida: trabajar para ayudar a su madre. Una buena parte de su alma deseaba ser como los otros niños, jugar a la pelota, trepar a los árboles… y leer libros de cuentos…

Casi cuando llegaba a su casa un bulto sobre la vereda llamó su atención pensando que alguien lo había perdido lo abrió. En el paquete había una nota ‘’para aquél que lo encuentre y le dé un buen uso’’. ¡Era un libro de cuento!

Comenzó a leer aquel maravilloso cuento… la tarde se fue muy despacito entre trinos de gorriones y las PALABRAS del cuento mágico que lo llevó por castillos y dragones, caballeros con armaduras, princesas y reyes,

Después de leer ávidamente hasta terminar el cuento, decidió que otro niño que nunca hubiera leído un cuento lo tendría. Y desde ese día se ha dedicado a llevar libros de cuentos a todos los niños del barrio en dónde vive.

Continuará…

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Mensaje por fabiolaselene el Vie Ago 19 2016, 02:14



Las palabras viajan Capitulo III

La señora PALABRA estaba muy ocupada esos días, no le quedaba tiempo para mandar postales de cumpleaños, escribir un te quiero a sus amigos… Pero ese día tan pronto salió el sol ya estaba lista para aquél libro de cuentos que llevaría al Jardín de Infantes precisamente a la salita amarilla!!!

Los niños de esa salita eran de cinco años y el cuento debería ser acorde a sus edades…

PALABRA escribió: Dicen que en un reino lejano había un hechicero que tenía la mala costumbre de borrar las pisadas que lo llevaban hacia lo alto de la torre. Allí vivía una anciana que sabía toda las cosas que acontecían en el reino que digo reino!… en todo la aldea!…Y el hechicero siempre preguntaba todo para ganarse la confianza del Rey.

Esa mañana un joven jinete ató su caballo a la sombra del frondoso árbol, cuyos dulces frutos curvaban sus ramas.

Entre tanto cortó algunos de esos frutos rojos y deliciosos, un caballero que buscaba un ayudante para cuidar los caballos del castillo se acercó a preguntarle si quería trabajar para el Rey.

Diego de Fajardo, el joven jinete, lo miró; siempre había querido trabajar en el castillo.

-Si señor estoy a sus órdenes… ¿Cuándo puedo presentarme?

-Hoy mismo- Y diciendo esto el caballero partió.

Diego de Fajardo guardó su capa mágica y siguió al caballero.

PALABRA tenía la costumbre de enredar los cuentos!!!

Continuará…

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Mensaje por fabiolaselene el Vie Ago 19 2016, 02:54



Las palabras viajan Capitulo IV

siguió pensando… que el joven sabía más de mago que de cuidar caballos…
Tan pronto llegó al castillo Diego se lavó, cenó y se dispuso a dormir. A la mañana siguiente tendría que levantarse muy temprano para dar el alimento a los caballos cepillarlos y llevarlos a trotar.

Los gallos cantaban, cuando de repente algo lo despertó. Aún era de noche. Unos pasos furtivos se deslizaron cerca de su cabeza…de un salto se levantó tomando su capa mágica pues no quería que se le pierda.

Un vestido largo pasó a su lado corriendo…se asustó tanto que se tapó con la capa mágica…ésta tenía el poder de llevarlo a otro lugar, se encontró en la escalera del castillo que llevaba a la torre.

Cuando se dio cuenta de lo que acababa de hacer ya era tarde…la anciana que vivía en la torre lo llamó para decirle que ella sabía de su poderosa magia.
PALABRA pensó que Diego estaba en un lio…

-¡Sé de tu magia joven Diego!

El hechicero no te dejará estar por el castillo y creo que perderás el trabajo antes de
haber empezado…

Uy … PALABRA estaba preocupada, no podría terminar el cuento…
Pero…siempre tenía una idea Diego prometió no utilizar la capa que lo cambiaba de lugar…

Continuará…

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Mensaje por fabiolaselene el Sáb Ago 20 2016, 02:11



Las palabras viajan Capítulo V

Diego siguió trabajando en el castillo siempre con la promesa de no utilizar la capa, pero… PALABRA tenía otro destino para Diego. Al caer la noche del décimo día cuando el gallo cantó otra vez se asustó con los pasos a su lado.

De un salto esta vez atrapó unos brazos que sacudían un vestido largo…Una joven de hermoso cabello oscuro le dio un puntapié…La princesa Sofía que era la dueña del vestido que corría por las noches se quedó mirando a Diego pues no lo había visto nunca por el castillo .

PALABRA suspiró uff, la capa mágica… el vestido que corría por las noches…

La princesa Sofía le confesó a Diego que el vestido que corría se lo había regalado su nana, la anciana que vivía en la torre, pero ella no lo podía dominar y no sabía qué hacer con él pues corría de aquí para allá todas las noches.

El vestido le servía para correr hasta el siguiente reino.

En el reino vecino vivía su abuela y sus tíos que estaban enemistados con sus padres y así ella corría gracias al vestido mágico.

Sin que nadie se diera cuenta de su ausencia…podía ir a visitarlos todos los días.
Diego le contó de su capa mágica, se dieron cuenta de que tenían algo en común, la magia potente de un hechicero de la montaña.

PALABRA decidió terminar el cuento…

Diego tapó a la princesa con la capa y se fueron al río…se hicieron grandes amigos cada uno con su secreto…

PALABRA fue capaz de ir a dormir ese día pues el cuento que llevaría al jardín de Infantes estaba terminado ¿O no? ¿Y el hechicero de la montaña?

El niño que nunca había leído un cuento, cerró el libro. Por fin tenía una buena historia para contar a sus amigos…

Fin

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Mensaje por fabiolaselene el Sáb Ago 20 2016, 09:14

El sello de Lyrax.
Elizabeth Segoviano, escritora mexicana


CAPITULO I – LA CARTA EN BLANCO



La escalera de madera había comenzado a crujir ligeramente, el picaporte giró con sumo sigilo dejando entrar la tenue luz del pasillo a la habitación … y luego … ella dio un par de pasos, se agazapó igual que los grandes felinos de África y saltó sobre la cama gritando:
– ¡DESPIERTA DARIAN, DESPIERTA! –pero enorme fue la sorpresa de la niña al percatarse de que la cama estaba vacía– ¿Darian? … ¿dónde estás?
– ¡SOY EL MONSTRUO COSQUILLUDO! –gritaba el muchacho mientras salía de debajo de la cama – ¡YO NECESITAR COSQUILLAS! ¡YO NECESITAR UN PAR DE PIES CHIQUITOS! –entonces, la niña soltó una carcajada que bien hubiera podido despertar a la calle entera–
– ¡Shhh! No hagas tanto ruido Ivy, mamá y papá aún duermen.
– Lo siento Darian … ¿pero cómo supiste que vendría a despertarte? Si soy más silenciosa que un gato, más rápida que una gacela y…
– Ivy, haces más ruido que un elefante sobre la hojarasca … ¿cuántas veces te he dicho señorita que no andes descalza? ¿en dónde están tus zapatos?
– Hmmm … no lo sé Darian … se me cayeron … y se fueron corriendo, dijeron que tenían mucha prisa –mientras el muchacho le ponía a su hermanita un par de calcetines ella le mostró un sobre de fino papel tan blanco como la luna, en cuya parte posterior tenía inscritas en una elegante letra gótica lo siguiente: “FAMILIA LYRAX”–
– ¿De dónde sacaste ese sobre Ivy?
– Lo deslizaron bajo la puerta … familia Lyrax … ¡esos somos nosotros Darian! ¡hay que abrirlo!
– Primero hay que dárselo a papá.
Una vez que toda la familia estuvo despierta se reunieron en la cocina y después de que el papá revisó meticulosamente el sobre, por fin lo abrió…
– ¿Qué dice papá? –preguntaban ansiosos los pequeños–
– Pues … no … no dice nada …
– ¿Cómo nada? –decía la mamá– ¿por qué alguien nos mandaría una carta en blanco?
– ¡Yo quiero ver! –decía la pequeña Ivy mientras le arrebataba la hoja a su papá–
– ¡Ivy! ¿en dónde quedaron tus modales?
– No sé papá … se escaparon por la ventana el otro día … dijeron que tenían mucha prisa.
Fue entonces cuando la niña puso sobre la mesa la carta para examinarla mejor, pero distraída, como era ella, derramó su vaso de jugo de uva empapando así la hoja; pero todos quedaron extremadamente sorprendidos al ver que con el jugo se había revelado un mapa, una frase, y un extraño dibujo al final.
Cuando las letras quedaron claras se leía esto: “la fuerza de uno no es suficiente”.
Al contemplar el dibujo al final de la hoja, los señores Lyrax se quedaron boquiabiertos…
– ¿Qué pasa papá? –decía preocupado el joven Darian–
– Es … es el escudo de armas de nuestra familia …
– No sabía que teníamos uno.
– Es muy antiguo, pero yo pensaba que ya no quedaba nadie más que lo recordara.
– No se ve bien ¿qué es?
– Es una rosa de los vientos resguardada por un dragón.
– ¿un dragón? … ¿y eso que tiene que ver con nosotros papá? –preguntaba ansioso el muchacho–
– no lo sé Darian, es muy antiguo, la historia se convirtió en leyenda, luego en mito… y ahora apenas es un susurro… sólo son cuentos hijo, nada más.
– ¿Y el mapa? –preguntaba Ivy– ¿a dónde lleva?
– Al otro lado de la ciudad, a las afueras del bosque, cerca del lago …
– ¿vamos a ir? –decían sumamente emocionados todos–
– ¡No! –respondió el papá– esto debe ser una broma, olvídense de esto y vamos a desayunar.
Pero en aquel momento el teléfono sonó, al otro lado del auricular estaba una voz grave, seria y con un acento un tanto extraño.
– ¿Señor Lyrax? –decía la extraña voz–
– Él habla … ¿quién es usted?
– Blicke, el abogado de su tatara tatara tío abuelo.
– ¿tengo un tío abuelo? –un silencio inquietante permaneció por unos segundos–
– … en realidad, señor Lyrax su tatara tatara tío abuelo falleció hace muchos años …
– ¿Entonces para qué me llama?
– En su testamento su tío abuelo especificaba que después de veintiocho años le fueran entregadas a su familia todas sus propiedades.
– … eso no … no tiene sentido, yo ni siquiera sabía de este tío abuelo, mis padres nunca me hablaron de él, quizá usted se equivoca.
– No hay equivocación, usted y su familia deben venir a la mansión Thorfax para recibir su herencia lo antes posible.
– ¿Lo antes posible?
– Esta misma tarde sería lo mejor, pero puedo esperarlos hasta mañana al mediodía.
– ¡¿Hoy?! ¿pero cuál es la prisa?
– Debo salir de viaje mañana por la tarde, y soy el único que puede entregarle los documentos … señor Lyrax si desconfía de mí puede llamar a mis oficinas … o a su padre, el me conoce bien, los estaré esperando en la reja de la mansión Thorfax hasta el medio día de mañana.
– ¡Espere! Y donde … ¿dónde está ésa mansión?
– ¿Acaso no le llegó la carta?
– ¿La carta en blanco? …
– El mapa es muy claro, lo veré pronto … ¡ah! señor Lyrax una cosa más.
– ¿Qué?
– ¡Semper fi!
– ¿Semper qué? ¿hola? ¿hola? ¿señor Blicke? ¿hola?
Después de aquella extraña conversación, el señor Lyrax llamó a su padre para pedirle respuestas, fue así como se enteró de que el señor Blicke no mentía, en efecto era abogado, y había trabajado para diferentes miembros de la familia Lyrax desde hacía cincuenta años, y la famosa mansión de la que hablaban era muy costosa y había estado en la familia por mucho mucho tiempo, y sólo unos pocos elegidos podían ser herederos, así que con aquellas respuestas en mente el señor Lyrax y su familia subieron a su camioneta y siguiendo las instrucciones de la carta en blanco se dirigieron a la carretera …

Continuará…

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Mensaje por fabiolaselene el Sáb Ago 20 2016, 09:49

El sello de Lyrax – Capítulo II.



En cuanto se adentraron en la carretera, la pequeña Ivy notó que la hoja manchada con el jugo de uva comenzaba a despintarse para quedar completamente inmaculada, en cuestión de segundos ya no había rastro alguno de la frase, el escudo de armas ni del mapa; fue entonces cuando una extraña bruma comenzó a esparcirse por la carretera, era blanca y densa, parecía una especie de serpiente ondulándose, era como si aquella neblina intentara guiar a la familia Lyrax, y, sin el mapa, decidieron que eso era lo mejor que podían hacer.

Luego de varias horas de manejar por viejos caminos olvidados, por fin la neblina comenzó a disiparse y se descubrió frente a los ojos de la familia la imponente mansión Thorfax con su kilométrico jardín coronado por una fuente de mármol tallada con la forma de una rosa de los vientos. A la orilla de la enorme reja de hierro forjado se encontraba un antiguo auto negro, de cuyo interior salió en hombre bastante alto, su piel parecía replandecer, y usaba un par de gafas oscuras.
– Ustedes deben ser los Lyrax –decía el hombre–
– Así es –decía el papá–¿ usted es el señor Blicke?
– A sus órdenes, ésta es la mansión que les ha dejado su tatara tatara tío abuelo Sir Draco Lyrax, ha pertenecido a su familia por muchas generaciones, pero sólo la han podido heredar aquellas familias que han tenido dos hijos o más, por ello, señor Lyrax, su padre no pudo heredarla, él no tuvo hermanos…
– Pero yo tampoco tengo hermanos Blicke –interrumpió el señor Lyrax–
– Lo sé … verá, los herederos son sus hijos, Darian e Ivy, pero siendo aún demasiado jóvenes ustedes tenían que venir con ellos, ahora permítanme mostrarles su mansión.
Al abrir el enrejado los Lyrax comenzaron a recorrer el gigantesco lugar, al entrar al salón principal se podían ver paredes repletas hasta el techo de repisas con cientos, quizá miles de libros, los muebles, las alfombras y candelabros le daban un aire a un palacio medieval, había pasillos que conectaban con docenas de habitaciones, todas con vista al jardín y cada puerta estaba marcada con el escudo de armas. Aquel lugar era un verdadero laberinto, cada esquina escondía maravillosas sorpresas, que iban desde hermosas pinturas hasta pasillos secretos que terminaban en terrazas o regresaban al gran salón, cada habitación estaba lujosamente amueblada y contaba con su propia chimenea; al encontrarse en tan maravilloso lugar la pequeña Ivy comenzó a correr por doquier tratando de descubrir todos los secretos que encerraba la mansión.
– ¡Ivy espera! –le gritaban sus padres– pero la niña ya estaba demasiado lejos como para escucharlos–.
– Déjenla ir –decía Blicke– es bueno que se sienta como en casa.
– Señor Blicke, hay algo muy extraño en todo esto, la carta que nos llegó estaba en blanco, luego aparecieron el mapa y una frase, y luego… desaparecieron otra vez … y …y la neblina y …
– ¿Me permite ver la carta señor? –cuando el abogado revisó la hoja no encontró nada extraño, el mapa, la frase y el escudo estaban perfectamente marcados en una tinta color sepia– discúlpeme señor Lyrax, pero yo no veo nada extraño, y si me disculpan ahora debo marcharme, aquí les dejo las llaves de la mansión y los documentos … espero que la disfruten y cuiden bien de ella.
Los señores Lyrax estaban tan sorprendidos que no pudieron decir palabra alguna, pero el joven Darian acompañó al abogado hasta la salida, para preguntarle que es lo que debían hacer con aquella mansión, y por qué estaban ahí.
– Verás joven Lyrax –decía el hombre mientras caminaba lentamente– tus ancestros han sido guardianes por mucho tiempo.
– ¿Guardianes de qué?
– ¡Ah! pronto lo sabrás, pronto todo quedará muy claro para ti y para tu hermana. Y recuerda que la fuerza de uno no es suficiente … –mientras el señor Blicke decía aquellas palabras sacó de su bolsillo una cadena de la cual colgaba una pequeña placa de plata– semper fi Darian, semper fi.
– ¿Eso qué significa? –preguntaba el chico mientras el abogado le ponía la cadena al rededor del cuello–
– SEMPER FI ¿lo ves? Está inscrito en esta placa … es una frase en latín, “semper fidelis”, significa siempre fieles, la usan los soldados, porque son como una familia y deben ser SIEMPRE FIELES con sus hermanos, semper fi Darian, Semper fi.
– Pero yo no soy un soldado …
– Pero eres un hermano Darian–tan pronto el abogado acabó de decir aquellas palabras la densa neblina regresó y el muchacho ya no pudo ver hacia donde se había ido el señor Blicke, era como si se hubiera desvanecido; pero un repentino grito sacó de sus pensamientos al chico, era Ivy, así que corrió de regreso a la mansión y atravesando varios enmarañados pasillos llegó al ático de la casa, abrió la pesada puerta de madera y encontró a su hermanita tirada en el piso cubierta de polvo y de varias docenas de libros viejos –
– ¿Estás bien Ivy? –decía el muchacho mientras ayudaba a la niña a levantarse–
– Estoy bien Darian, sólo fue un susto, quería alcanzar un libro y luego todo se cayó … ¡oye! ¡que bonita placa! ¡mira, yo también tengo una! Significa que nada puede separarnos, porque somos hermanos ¿verdad?
– Así es … Ivy … ¿De dónde la sacaste?
– Me la dio el señor Blicke …
– ¿Pero cuando? Si el estuvo con nosotros todo el tiempo.
– No Darian, el estuvo conmigo, mostrándome las habitaciones y contándome un cuento.
– ¿Qué cuento? –pero antes de que Ivy pudiera responder, un enorme y pesado libro cayó desde lo más alto del librero y al hacerlo cientos de sus hojas quedaron volando por toda la habitación creando un remolino que giraba cada vez más y más rápido, y éste envolvió por completo a Ivy que intentaba tomar la mano de Darian.
– ¡Ivy! –gritaba el chico– ¡sujétate!
– ¡Darian! ¡ayúdame! –pero el muchacho no podía acercarse al remolino, aunque lo intentaba con todas sus fuerzas, entonces las hojas de papel cubrieron toda la habitación e Ivy desapareció, sólo quedó el eco de su voz diciendo ¡semper fi Darian!–
– ¡Te voy a encontrar Ivy, soy tu hermano y te voy a ayudar! … semper fi Ivy, semper fi… –pensó el muchacho–.
De repente unos pasos se escucharon, eran los padres de Darian que, asustados se apresuraron a ver que sucedía.
– ¿Darian, porqué gritas?
– Ivy … mamá … se ha perdido …
– ¿Pero de qué hablas? Ivy está aquí –entonces el joven volteó la mirada y vio a su hermanita, sosteniendo la mano de su papá–
– Chicos –decía el papá– creo que ya tuvimos demasiadas aventuras por hoy, regresaremos a casa ¿les parece?
Darian asintió y comenzaron a caminar hacia la salida, y fue entonces cuando el joven notó algo muy extraño; en la habitación llena de hojas estaban los zapatos de Ivy, y , sin embargo, la niña que iba en brazos de su papá tenía puestos sus zapatos. Darian sintió un vuelco en el estómago, ¿acaso era su imaginación que estaba jugándole una mala pasada? Durante todo el camino de regreso no podía dejar de mirar a su hermanita, se veía algo diferente, un tanto pálida, y estaba demasiado callada, ella no era así, se sentía diferente, Darian no sabía que era pero aquella niña no era Ivy podía sentirlo, no podía explicarlo, pero lo intuía, aquella niña no era su hermanita, él la conocía bien desde que era un bebé llorón y aquella niña tan seria, bien portada y callada no era Ivy, pero si ella no era su hermana ¿en dónde estaba Ivy? …

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Mensaje por fabiolaselene el Vie Ago 26 2016, 09:27



EL SELLO DE LYRAX CAPÍTULO III

IVY EN EL MUNDO DE PAPEL

Los fuertes vientos que habían capturado a Ivy comenzaron a disiparse, y la niña por fin pudo poner sus pies sobre tierra firme, el suelo estaba reseco y tenía muchas rocas,  el aire era tibio y cuando la neblina se aclaró Ivy notó que estaba en un bosque, aunque no era uno como los que ella conocía, todos los troncos de los árboles estaban retorcidos de maneras fantásticas, algunos parecían signos de interrogación y otros tenían forma de espirales, pero ningún árbol tenía hojas, todas las hojas yacían en el piso, y no eran verdes o amarillas, no, todas eran color sepia, de hecho, también los árboles y el cielo; todas las hojas parecían hechas de papel de libro, aunque ninguna tenía escrita una frase, sólo un número, como el que aparece en las esquinas de los textos. Ivy tomó un puñado de follaje, lo talló y se lo llevó a la nariz, no olía a hierba ... olía a libro viejo, y biblioteca, los arbustos parecían hechos de recortes de papel, algunos tenían rayas y otros estaban cuadriculados, y las pequeñas hierbas del camino tenían brotes de papel pautado, Ivy se acercó a un árbol y al tocar el tronco notó que estaba hecho de un cartón muy resistente, el color sepia en sus tonos fuertes y claros hacía que el paisaje se viera desolado y sombrío, a lo lejos podían verse unas montañas, pero todo estaba cubierto por aquel bosque tan peculiar ...  ¿qué clase de lugar era ése? ¿porqué todo estaba hecho de papel?
La niña quiso comenzar a explorar, pero cada paso que daba era doloroso porque había muchas rocas y guijarros; entonces Ivy recordó como su hermano siempre le ayudaba a atarse los zapatos, o le ponía sus calcetines cuando correteaba descalza por la casa, la niña se sentó en el piso y comenzó a llorar ...

   Mientras tanto, en la casa de los Lyrax todo continuaba igual, la mamá y el papá estaban sumergidos en sus trabajos, corriendo todo el día de un lado para el otro, siempre al teléfono o en la computadora, nunca tenían tiempo de decir más de dos palabras, y, por supuesto no tenían tiempo de escuchar a su hijo decirles que Ivy no era Ivy.

   Cuando Darian era pequeño siempre estaba inventando historias acerca de la niña, a sus amigos les decía que la habían traído los extraterrestres, o que en realidad no era su hermana, que sólo estaba de visita; pero lo cierto es que aunque Ivy era una bebé gritona y llorona que demandaba la atención de todo mundo, Darian solía levantarse a la mitad de la noche para revisar si su hermanita dormía tranquila, y, conforme la niña iba creciendo también crecía su amor por ella, hasta que un día nuestro amigo descubrió que ya no podía imaginar su vida sin Ivy, no podía siquiera concebir pasar una noche sin arroparla y leerle un cuento o que por las mañanas ella no saltara sobre su cama para que desayunaran juntos y le pusiera sus zapatitos para ir a la escuela ...
Lo más bizarro era que todas aquellas cosas que tanto temía estaban ocurriendo, la Ivy que regresó a la casa de los Lyrax ni siquiera le dirigía la palabra a Darian, las mañanas eran tan silenciosas que se podían escuchar los pasos de las hormigas, ya nadie interrumpía el desayuno con cientos de preguntas extravagantes como ¿porqué el cielo era azul y no morado? ¿porqué las serpientes no tenían piernas? ¿ o quién había inventado las rosetas de maíz? Aquella Ivy no sonreía ni se la vivía cantando, tampoco correteaba por toda la casa, era como si aquella niña fuera una especie de sombra ... la sombra de Ivy, pero Darian estaba seguro de que hasta la sombra de su hermanita era mucho más vivaz que aquella niña pálida y callada que pasaba todo el tiempo mirando el horizonte por la ventana.
Darian sabía que no podía esperar a que sus padres se dieran cuenta de lo que estaba ocurriendo, él debía hacer algo ¿pero qué? ...

   Una ráfaga de aire helado había despertado a Ivy, y al abrir los ojos supo que no había sido un loco sueño, ella seguía en ese extraño mundo poblado de retorcidos árboles tan altos que casi cubrían por completo el cielo, ya comenzaba a oscurecer; y supo que no podía quedarse ahí, tenía que buscar algún refugio por si había insectos o criaturas extrañas, así que con los listones que sujetaban sus trenzas se ató varias capas de hojas a los pies y comenzó a adentrarse en el bosque; a medida que avanzaba se hacía más y más oscuro y la pequeña comenzó a asustarse, pero entonces sonó la alarma del reloj que había tomado del escritorio de Darian, y la pantalla iluminada le dio suficiente luz para poder ver el camino; así Ivy pensó que aunque su hermano no estaba ahí, él de alguna forma seguía junto a ella; ése pensamiento poco a poco la fue tranquilizando, “mi hermano está conmigo, mi hermano está conmigo” –se repetía una y otra vez la pequeña para darse ánimo de continuar– pero era difícil no asustarse, porque cada uno de sus movimientos provocaba algún ruido, Ivy tenía miedo hasta del sonido de su respiración ... cada vez que creía escuchar algo se detenía y apuntaba la luz del reloj, pero no lograba ver nada que no fueran las sombras de los árboles o el movimiento de las ramas deshojadas, así que reanudó su camino, el crujir de las hojas que cubrían sus pies resonaba por aquí y por allá, la niña estaba a punto de dar otro paso cuando lo escuchó claramente, el crujir de unas ramas que alguien o algo había pisado; su corazón se aceleró, y temblando se dio la vuelta, quiso apuntar la luz del reloj pero éste se le resbaló de las manos; al verse sumergida en completa oscuridad, pensó en gritar, pero de repente, se vio iluminada por dos luces que provenían de la copa de un árbol. –¿hola? –decía temerosa la niña– pero no obtuvo respuesta alguna, hasta el viento había dejado de soplar –¿hay alguien ahí?– dijo Ivy con una voz más clara que hizo eco por todo el lugar ... silencio ... sólo había silencio y nada más; la pequeña se inclinó sobre el piso para buscar su reloj, pero en ese preciso momento una sombra de lo más veloz bajó de uno de los árboles y se lo arrebató, acto seguido se escuchó una especie de graznido, y luego otro, y otro, y uno más, al levantar la mirada Ivy notó que había más luces entre los árboles, eran luces bonitas, del color de las estrellas y no le daban miedo, fue entonces cuando supo que aquellas sombras eran pájaros, uno de ellos había tomado el reloj y comenzó a brincar de árbol en árbol; Ivy pensó que debía seguir a las aves, por lo menos en su compañía no estaría a oscuras. Y sería más fácil recorrer aquel mundo de papel.

CONTINUARÁ ...

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Mensaje por fabiolaselene el Vie Ago 26 2016, 09:57



El sello de Lyrax – Capítulo IV –

El libro del destino

Darian había pasado el día entero tratando de localizar al abogado Blicke, pero al llamarlo por teléfono sólo respondía la máquina contestadora, ya era casi medianoche y nuestro joven amigo no sabía qué hacer, tan sólo podía pensar en lo pequeña que era su hermanita y en lo asustada que debía encontrarse; entonces decidió dirigirse al único lugar en el que podría encontrar respuestas, la vieja mansión Thorfax.

Esperó a que sus papás se quedaran dormidos frente al televisor viendo las noticias (cosa que no tardaba más que un par de minutos) y se escabulló al estudio de su padre para conseguir las llaves de la mansión; cuando al fin las tuvo se puso su abrigo y salió por la ventana, se montó en su bicicleta y pedaleando a todo lo que daban las piernas se enfiló hacia la carretera.

Luego de varias horas el muchacho se encontraba exhausto, el viento helado le cortaba el rostro y la densa oscuridad de la noche le hacía muy difícil recordar los senderos que debía recorrer, por un instante se sintió desfallecido y perdido, se detuvo a la orilla del camino y trató de recuperar el aliento, se llevó las manos al pecho y entonces sintió la placa de plata que le había puesto el señor Blicke, el chico la frotó entre sus dedos y mirando la luna pidió con todas sus fuerzas que por favor algo le mostrara el camino correcto; en ése instante, y como por arte de magia su cadena comenzó a flotar, como si alguien o algo lo tirara de su cuello, Darian ni siquiera se atrevió a pensar o a respirar, tan sólo se hechó a correr en la dirección en que era jalado.

El alba estaba por despuntar cuando nuestro amigo llegó por fin a la mansión, con las piernas tambaleantes y el corazón a punto de saltarle del pecho, el chico abrió la reja, atravesó el inmenso jardín, y comenzó a cruzar puerta tras puerta para llegar al ático en el que había desaparecido Ivy, todo se veía tal como lo recordaba, a excepción de las miles de hojas de libro que habían quedado regadas en el piso, ahora no había ninguna, aunque los zapatos de su hermana seguían ahí.

Con absoluta desesperación Darian comenzó a bajar los libros y hojearlos, la gruesa capa de polvo que los cubría lo hacía toser y estornudar; en uno de ésos repentinos estornudos el joven se golpeó la cabeza contra uno de los libreros, y para su sorpresa, descubrió que los estantes eran una puerta, al empujarla pudo ver un estrecho pasadizo, y al final de este otra puerta que era visiblemente más pequeña; sin pensarlo dos veces Darian se introdujo en el pasillo, giró la manija, y cruzó la puerta gateando, aquel lugar parecía un armario, era oscuro y olía a naftalina y ropa vieja, el chico se buscó en los bolsillos y tomó su linterna, al encenderla observó que frente a él se encontraba una vitrina y dentro de ella había solamente un libro, era muy grueso y de pastas duras color vino.

Darian quiso abrirla, pero estaba bajo llave, era una cerradura muy inusual, cuadrada y algo hundida, ninguna de las llaves que le había dado el señor Blicke le servía; así que intentó romper los virios de un golpe, pero sólo consiguió lastimarse la mano, entonces se quitó uno de sus zapatos y volvió a golpear los cristales con toda su fuerza, sin embargo el zapato había rebotado como si fuera una pelota de goma; el chico volvió a examinar la cerradura con más detenimiento y notó que en el fondo de esta había una especie de escritura, era difícil leerla con la poca luz que daba la linterna y además estaba inscrita al revés; el joven se sentó en el piso y comenzó a pensar en Ivy

… ¡eso es! –gritó el muchacho– ¡la placa!

Darian se la quitó del cuello y la introdujo en la cerradura, de inmediato escuchó un “click” y las puertas del mueble se abrieron, tomó el libro y regresó al ático, con la luz de la mañana entrando por los altos vitrales sería más fácil leer.

Al abrir el libro, tres monedas cayeron de él haciendo un estrepitoso sonido que casi hizo brincar a Darian hasta el techo; aquellas pesadas monedas de cobre eran de lo más extrañas … (como todo lo que estaba viviendo desde que les había llegado aquella carta en blanco) tenían un orificio cuadrado en el centro, por el frente tenían un grabado que parecía una garra de reptil, y por atrás una rosa de los vientos; el muchacho sujetó con fuerza las monedas y abrió la primer página; al verla se sorprendió enormemente porque estaba escrito con símbolos que jamás había visto, y, aún así, lo comprendía a la perfección, las primeras líneas eran una especie de advertencia:

“sólo los ojos de los guardianes encontrarán las señales, sólo sus voces serán obedecidas, sólo sus manos decidirán el destino”.

Nuestro joven amigo no comprendía bien a que se referían aquellas palabras, pero siguió leyendo con la esperanza de encontrar algo que le permitiera traer de regreso a Ivy; de repente, las hojas del libro empezaron a moverse, hasta que al cabo de unos minutos se detuvieron y Darian leyó lo siguiente:

“el destino está escrito, pero la suerte aún no está echada, tira con fe las monedas y avanza, tíralas con miedo y nada volverá a ser igual, tíralas tres veces si quieres hacer a la rosa girar”.

Los acertijos no eran precisamente algo que el chico disfrutara, pero ya había llegado hasta ahí y no pensaba irse sin su hermana; así que respiró hondo, cerró los ojos, sacudió las monedas en sus manos, y las arrojó al piso … dos de ellas cayeron con la figura de la rosa de los vientos hacia arriba y la otra con la garra; de inmediato el libro reaccionó, se sacudió, brilló y se abrió en una página que parecía estar en blanco, pero en cuanto Darian posó su mirada en ella, un dibujo comenzó a aparecer, era un bosque poblado de retorcidos árboles, parecía que era de noche, y justo en el centro de aquel paisaje se encontraba dibujada una niña con sus pantalones cortos y su blusa de mariposas, su cabello estaba suelto y algo enmarañado … y desde los árboles la veían con suma curiosidad una parvada de cuervos.

–¿pero qué es esto?–se preguntaba el chico

… ¿acaso era? …¿ésa niña dibujada con tinta color sepia en el libro era Ivy?

Los ojos de Darian se llenaron de lágrimas, con extremo cuidado acarició la imagen de su hermanita en la hoja; el muchacho no sabía que hacer, pero al darse cuenta de que el dibujo no tenía zapatos buscó en su bolsillo, sacó un lápiz y le dibujó un par de botas que resistieran el duro camino.

Continuará…

fabiolaselene
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Fecha de inscripción : 03/01/2014

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Re: )))Continuará...(((

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 17:07


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