<<<El tintero infinito>>>

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<<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Sáb Jul 23 2016, 02:38



El día se mostraba como un lienzo en blanco, sin construir, vacío de nubes en el cielo.

Aquella engañosa sensación de calor escondía un gélido viento, que barría de un plumazo toda sensación de confort y entumecía el espíritu, transmitiendo un extraño estado de ánimo carente la nostalgia de los nublados días de otoño, pero siendo apenas un pálido boceto del plácido abandono de los días de verano. Una tierra de nadie en medio de las estaciones. Un limbo meteorológico.

Como cada mañana, mientras observaba el creciente ajetreo de la ciudad desde el escaparate difuminado tras una de esas pretéritas cortinas de punto, pidió un café con poca leche y nada de azúcar, un bikini (jamás llegaría a entender el porqué de esa pretensión estival para un simple sándwich de jamón y queso) y el periódico del día, donde se distraía leyendo la sección de música y ocio, las viñetas de Calvin y Hobbes que tanto le inspiraban y el horóscopo en el que, como cada día, nunca encontraba la respuesta a sus múltiples incógnitas. Evasión.

Fuera, unos turistas escudriñaban con el ceño fruncido el menú del día escrito con tiza sobre una pizarra gastada, en busca de alguna oferta de sangría con paella. Ni era jueves, ni éste era uno de esos bares. Más suerte en la próxima ventanilla de estereotipos.

Pasaba las páginas distraída, mientras iba reduciendo las dimensiones de aquel bocadillo con microtómicos mordiscos, preguntándose si alguna vez sería capaz de encontrar su camino, si realmente tendría el valor de tomar las decisiones adecuadas que la llevasen a ser un poquito más feliz o al menos encontrar las energías para atar todos los cabos sueltos de su corta pero intensa vida. Finalmente abrió el bloc de notas de su Smartphone y apuntó “Pan y leche”, recordando escenas inconexas de la noche anterior, con un amago de sonrisa en los labios y un pozo de nostalgia en la mirada.

El mundo gira demasiado deprisa para meditar demasiado sobre cómo va el mundo.

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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por Apolo el Sáb Jul 23 2016, 02:41

comprendo cada letra y cada frase de esto, gracias fabiola

Apolo
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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Sáb Jul 23 2016, 03:13




Lo recordé  tan solo hace cuatro meses, pero puedo decir que es la persona más maravillosa que he conocido cuando tenia tan solo 18 años. Él siempre guardo su distancia e incluso nunca demostró interés en una joven como yo. Sin embargo, me parecía imposible no empezar a apreciar a una persona tan maravillosa como él, y es que me falta un largo camino por recorrer todavía, pero no puedo negar que me he enamorado de él perdidamente.
He intentado borrar los recuerdos que tengo de él, mas no puedo, a pesar de que trato desesperadamente. Lamentablemente, no solo es un amor no correspondido, sino que también es prohibido. Hay muchas más cosas que nos separan, y es que las personas dicen que la edad no es un impedimento para el amor; sin embargo, temo comprobar que no es cierto.
Él ciertamente es gentil, responsable, dedicado a su trabajo, inteligente, amigable y muchas más características que me sería imposible describir en unas pocas palabras. No obstante, nacimos en tiempos distintos. Él tiene 31 años y es mi profesor. Inclusive, tiene una hija pequeña, la cual adora inmensamente. Por ello, es que considero que este amor es, penosamente, prohibido.
Lo amo como nunca he amado a nadie, pero debo ser realista que lo nuestro es imposible, a pesar de que mis sentimientos fuesen correspondidos. Él es un hombre realizado y con una basta experiencia que no puede ser superada fácilmente, mas este no es un hasta siempre, sino solo un adiós, ya que nos volveremos a encontrar. Tal vez esto no pase en unos pocos años, pero sucederá, y es que, aunque yo envejezca, este amor que tengo permanecerá intacto.
He decidido atesorar aquellos recuerdos que tengo de esa persona, puesto que borrarlos me es imposible. Por tanto, aunque nos hayamos despedido hace menos de un mes, debes saber que eso no es un hasta siempre, sino un hasta pronto.

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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Sáb Jul 23 2016, 11:02



Ariadna nació en un mundo opuesto a su dulzura. Donde nadie estaba dispuesto a acunarla y alimentar sus sueños con ninguna hermosa nana.
Ariadna nació en un mundo de destellos y fachadas. Un mundo de caminos de ida y vuelta, cuyas metas eran siempre artificiales. Fue un regalo divino injustamente rechazado, roto incluso meses antes de nacer, por el desprecio de una madre que siempre antepuso su carrera profesional de pasarela y ficción, a la dicha de ser ejemplo y parte en la vida de una hermosa criatura.
Desde su primer hálito de vida, Ariadna sufrió la indiferencia y la ausencia de cariño. Siempre le dieron la espalda, que ella observó, como una pantalla blanca donde se espera ansioso que proyecten una película que nunca llega. En su vida habían apagado la luz, pero jamás tuvieron la intención de encender el proyector.
Su madre siempre la vio como un error que jamás debió cometer pero que nunca se atrevió a interrumpir, ejemplo de aquellos deslices horizontales que tan acostumbrados estaban a despreciar en el entorno de su gremio. Un lastre que trató de ocultar con ahínco, disimulando su incipiente fruto mediante vendas y tensiones. Desesperada por embutir en delicadas prendas, el hermoso cuerpo que albergaba su negro corazón.
El resultado fue un nacimiento prematuro, complicado y peligroso, que dejó profundas secuelas en el cuerpo y la mente de la pobre Ariadna, hasta tal punto, que siempre fue incapaz de lanzar un por qué al viento, que por otra parte nunca hubiese sido respondido. Cuando su abuela tuvo que hacerse cargo de su triste providencia, su madre no se molestó en echar la vista atrás.
Hoy Ariadna descansa por fin, junto al único que nunca le negaría un abrazo. Tánatos se acerca a su cuna cada noche para cantarle una arrulladora nana, que le hace sentir más en paz y querida de lo que nunca se sintió en vida.

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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Sáb Jul 23 2016, 22:01



Lucy se volcaba tanto en los demás por miedo a sus demonios, que olvidó lo que significaba ser feliz
Lucy siempre había velado por aquellos a los que amaba, guiando sin querer ser guiada, como un faro que evita que los bajeles pierdan el rumbo y encallen por culpa de su propio peso, iluminando sus almas sin iluminarse nunca a sí misma.

Sólo la luna se percataba de su tristeza y compartía su silencio, cuando mostraba su cara plena y comprensiva. Solo el cielo, con sus diamantinos ojos brillantes, era capaz de entender la soledad de su corazón.
Lucy lloraba por dentro y por fuera, porque sus pasos servían de camino momentáneo a quienes se cruzaban en su vida, pero cuando miraba hacia delante no encontraba huellas en las que ella pudiese meter los pies.
Lucy quería con locura, se entregaba con pasión, reía con ganas, pero no sabía ser feliz -¿o no quería? – Siempre dudó porque siempre tuvo cierta sensación de autoboicot. De impulsar sus pies en la dirección opuesta, cuando el miedo irracional a ser dichosa hacía acto de presencia.
Era lista, sensible y curiosa, de eso no cabía duda. Se preguntaba el porqué del mundo pero siempre con tristeza. Sin embargo, nunca le habían dado las herramientas para aventurarse a responder esas preguntas y el pánico terminaba siempre atenazando su corazón, que había recubierto con una eficaz corteza de indiferencia.
Por eso se evadía en mundos imaginarios, música estridente y cotidianidad.
No dejaba que nadie atravesase esa coraza porque tenía miedo. ¿Al compromiso? ¿A que le hiciesen daño?
Seguramente a todo eso y mucho más le tenía miedo la pequeña Lucy. Pero había algo que aterraba profundamente a ese corazón inquieto, por encima de las demás cosas: La decepción propia y ajena; el darse cuenta, algún día de otoño, de que era absolutamente incapaz de amar.

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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Dom Jul 24 2016, 07:17


Un País de maravillas

Los edificios pasaban a su lado de manera vertiginosa, al otro lado del cristal de un tren con destino a la rutina. Un puñado de carcasas para historias de ladrillo y hormigón, cuyo corazón había cambiado tanto con el tiempo, que ya era prácticamente irreconocible. Imposible de identificar con el rictus de su fachada, elegante, vetusta y orgullosa. Justo lo que sentía su alma atormentada.

Grandes edificios de una ciudad que gritaba a los cuatro vientos una identidad difuminada en un millar de culturas, dejaban paso a construcciones nuevas, modernas y de una fealdad insultante. El progreso lo llamaban.

A su lado, Alicia se miraba las uñas como lo haría un chico, pensativa, escuchando alguna canción que le hiciese soñar, ajena muchas veces al mundo que le rodeaba, pero siempre entregada a una causa ajena antes que a la propia. Siempre fue una chica muy especial.

Ches, llevó la mirada desde las casas y oficinas hacia el perfil de Alicia, medio cubierto por su cabello largo y alborotado, y sonrió pensando en las horas de conversación muda, de abrazos y bobadas, muchas veces con una cerveza en la mano. Dos incomprendidos intentando arreglar un mundo incomprensible. Recordó cómo se habían conocido, los buenos y malos momentos y lo que habían aprendido el uno del otro tras tanto tiempo, y su risa se hizo tan intensa como la del gato del cual recibía su nombre, gracias a unos padres con demasiado sentido del humor.

Alicia se giró entonces y sonrió ligeramente desconcertada, como hacía siempre que sus miradas se encontraban, intuyendo ambos el pensamiento del otro, pero sin atreverse nunca a decirlo en voz alta, aunque con los labios ligeramente fruncidos, como meditando si dejar o no salir las palabras. Sin abrir la boca, ella le pasó uno de los auriculares, apoyó la cabeza en su hombro y poco a poco fue quedándose dormida.

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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Lun Jul 25 2016, 06:17



Un lugar en el mundo

Parecía inverosímil que, con el tiempo que había dedicado a buscarle una solución, me encontrase de nuevo con aquel particular dilema.

Pasé años dando vueltas a la pequeña pieza de irregular contorno, limando sus aristas, ablandando sus bordes, e incluso interpretando de una manera un tanto laxa las reglas de aquel divertimento, al tratar de pintar su superficie. Nada de aquello tuvo el éxito esperado.

Llegué a cogerle aprecio a sus singularidades y busqué con ahínco un lugar en el que encajase. Primero, traté de colocarla en el centro contra toda lógica, puesto que era complicado con tantas otras rodeándola. Luego, probé suerte en el perímetro, donde menos molestase, pero en ninguno de los sitios terminaba de integrarse.

La dejé largo tiempo apartada en un cajón, lejos de sus compañeras, impregnándose del característico aroma del olvido, y cuando la rescataba del moho y de las garras del tiempo, volvía a encontrarme en la misma tesitura. Era imposible encontrarle un lugar adecuado a aquella pieza dentro del rompecabezas de la vida.

Lo que comenzó como un infantil divertimento se había transformado, paulatinamente, en una suerte de frustración adolescente, que luego dejó paso a la madura resignación de ver cómo todas las piezas a su alrededor iban encajando a su manera. Y lo que más me atribulaba, lo que me mantenía despierto por las noches dando vueltas en la cama era que, pese a su incapacidad de integración, sin ella aquel puzle jamás estaría completo.

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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Lun Jul 25 2016, 06:54


Causa y efecto

Un día frío es todo lo que necesitamos para darnos cuenta de que nuestra vida ha dado un cambio de rumbo. Eres incapaz de discernir si ese incómodo temblor es producto del cambio prematuro de estación o resultado del miedo a lo desconocido. Esa sensación incómoda nos impide concentrarnos y nos invoca a recapacitar en un instante, sobre todos los pasos realizados a lo largo de nuestra vida.

En esa tesitura me encontraba una mañana, observando en retrospectiva la serie de acontecimientos que me habían llevado a aceptar
aquel enorme cargo de responsabilidad, en un proyecto de una magnitud que a veces se me escapaba de las manos.

Quién diría que todas esas reflexiones las hacía con un cruasán a medio comer, un café medio frío, un periódico a medio leer, y medio dormido. Quedarme a medio camino de alcanzar mi objetivo parecía la historia de mi vida entera.

Mientras meditaba acerca de todas esas vicisitudes existenciales, me puse mi traje de señor formal y me sumergí en un océano de acero y almas perdidas, con la precaución de vacunarme contra la apatía condal a base de veinte miligramos de sueños y esperanzas por la vía ótica, e incapaz de decidir el camino a elegir. Demasiado frío para aventurarme al pedaleo matutino, demasiado gris para que la visión por superficie fuese reconfortante; demasiada oscuridad en las entrañas de la tierra.

Desde pequeño todo me había atormentado, toda situación la encaraba con una responsabilidad personal, aturdido por cualquier mínima consecuencia, por el miedo al rechazo, al fracaso dirían algunos. Cuán equivocados estaban. Mi verdadero pavor no era a la posible decepción de cualquier empresa acometida, en absoluto. Mi mayor temor, lo que me quitaba el sueño por las noches, era algo mucho más terrible. Era una profunda e irracional aprensión al éxito. ¿Y si aquello en lo que me había embarcado funcionaba y era tan célebre como para convertirme en una figura reconocida? ¡Dios mío, supondría ser visible a un montón de gente! No era bueno hablando en público, eso era francamente intolerable. Hacer el ridículo era el desenlace más probable. ¿Y la responsabilidad de semejante triunfo? Sólo imaginarme cuánto se esperaría de mí, me cortaba el aliento.

Ese temeroso lastre me pesaba como la cadena a un reo, hasta el punto de empezar a tener dificultades para respirar, pensando en cuánto había trabajado en la presentación que expondría aquella misma mañana, en lo milimétricamente elaborada que estaba y en las horas que le había dedicado. ¿Y si no alcanzaba el resultado esperado?, o peor aún ¿y si lo alcanzaba y aquellos peces gordos veían en mí capacidades de las que carecía? La gente se creaba unas expectativas demasiado elevadas de mi talento. Mis enormes limitaciones me abofeteaban cada mañana frente al espejo del baño y ellos eran incapaces de verlo. Sin embargo, ¡BUM!

Aquel pobre chico iba tan ensimismado y cabizbajo, con aquellos enormes auriculares, que no se percató de la señal acústica premonitoria de la caída de satélite extraviado que durante días habían anunciado con ahínco en las noticias. Su cuerpo, ya inerte, casi se fundió con el amasijo de metal incandescente, aunque apenas sintió nada. Algunos incluso comentaron sorprendidos la tranquilidad reflejada en su rostro cuando se acercaron a socorrerle.

Un observador a temporal, consciente de la sucesión completa de acontecimientos a lo largo de la vida de aquel chico, solamente podría haber sacado una conclusión plausible. Si sobrepasas los límites de la lástima auto inculcados, acabarás tocándoles las narices a los mismísimos dioses del destino.

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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Dom Jul 31 2016, 10:25



La tristeza que tanto tiempo había tratado de darme caza, adquirió la sorprendente forma de Martini con Ginebra. Aquel iba a ser un memorable aniversario.
Notaba como el agua se abría paso con ansias a través de mis desgastadas suelas, como si quisiese reptar a lo largo de la columna y aplacar el fuego que bullía en el interior de mi cabeza. Un torbellino con años de experiencia para crecer y pasar de tormenta tropical a huracán de fuerza cinco. Razones no le faltaban para arrasar con todo lo que se le pusiese en ese momento por delante.

Un viento tardío de otoño golpeaba mi cara y me obligaba a cerrar los ojos castigando mi intelecto en cada ocasión con la imagen de la derrota labrada, incandescente en la memoria.

Dando pasos sin rumbo terminé en un antro de otro tiempo, decadente aunque aún no fuese consciente de su destino, asfixiante y duradero, como mi mala suerte. Un televisor proyectaba en bucle Buenas noches y buena suerte (paradójico y fatal título) con su ilusorio blanco y negro intentando simular estilo antiguo. Otra muestra más de aciaga falsedad y, sin embargo, casaba tan bien con el entorno de aquel bar que resultaba hasta ridículo.

Pedí sin palabras un Martini con ginebra, deseando sin demora que el camarero me aplicase con soltura un jarabe sin recuerdos, una pócima que me hiciese olvidar el destino insípido y solitario que jalonaba mi patética existencia.

Miraba al infinito perdido en meses atrás, cuando la vida se parecía algo menos a un vampiro enviado por el retrete y suspiraba enrollado en mi casaca, impotente observador del desvanecimiento de mi copa, huyendo del presente con la misma velocidad que mi aniversario se impregnaba del olvido de los deseados.

Durante horas me fundí con aquella desgastada butaca que tenía bordada en letras de oro la palabra Perdedor entre sus pliegues y, a medida que el alcohol calaba mis arterias como el humo mi ropa, el alma que algún día tuve, herida y malparida levantaba sin descanso un muro entre ella y el resto de las almas y, poco a poco, entre ella y mi persona.

El agua había empezado a golpear perezosa el escaparate del lóbrego local, lleno de cuerpos vacíos, de paso, pertenecientes al juego que un día Babel osó inventar, realizando como cada noche, intercambios de oraciones con fluidez, orando por que más adelante, esa misma noche pudiesen intercambiar otra clase de fluidos.

Y yo en medio de la futilidad, cubierto de mi invisible muro de insociable lejanía, me preguntaba si algún día conseguiría comprender este mundo antes de que el mundo me disgregase en partículas por su vasta dimensión.

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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Miér Ago 03 2016, 01:55



El aikido

El horizonte se torna difuso cuando los ojos se impregnan por las gotas de sudor que perlan su frente y emborronan su mirada.

Las rodillas crepitan, como troncos en la chimenea de una casa durante el invierno, y se quejan por un esfuerzo no buscado, mientras nota cómo manchas púrpuras de sufrimiento tiñen la piel de muslos y muñecas.

La respiración entrecortada y un corazón ansioso piden a gritos un metrónomo que mida un tempo más pausado. Dedos y tobillos se unen a la queja y siente la física presencia del agotamiento en todos sus músculos y articulaciones.

Delante, su oponente mira a un punto infinito, a años luz de su figura, tenso y en guardia. Cuchillos de hueso y carne prestos a culminar su ataque.

¿Por qué pasar por todo eso? ¿Por qué dedicar tantas horas a recrearte en ese sufrimiento perseguido y matarte a trabajar para acabar besando el suelo? Recuerda las preguntas de aquellos que observan con incredulidad desde un universo muy lejano y una sonrisa infantil y pícara toma forma en su interior, pues tiene clara la respuesta. Esa muerte figurada es lo que le hace sentirse vivo.

Entonces, los cuerpos se fusionan y pasan a convertirse en un único eje bien engrasado, capaz de mover montañas y fluir como el caudal de un río en primavera. Un encuentro de energías que dura apenas un segundo, reorientadas hacia un fin armónico, plástico y hermoso.

En ese momento todo es blanco, negro y circular. Perfección sin matices por la dedicación de una vida de sacrificios. Momentos de ingravidez y aterrizajes forzosos culminando en el devenir de dos cuerpos que confluyen hacia un único camino, pero con distinto desenlace. En un instante tiene el control de cada músculo propio y ajeno, el cuerpo balanceado, la mirada ahora clara y hacia el suelo, donde ejerce la presión exacta para mantener inmóvil la incontenible fuerza de quien fue su oponente pero nunca será su enemigo.

Todo termina en un destello y se retira manteniendo la distancia, respirando profundamente y con su corazón latiendo en calma.

Su compañero se levanta y lo mira con aprobación y respeto, adopta la posición adecuada y se prepara. Nota cómo la energía y la tensión que albergaba en cada poro desaparecen y son sustituidas por otro tipo de energía, pues sabe que nada de esto tiene sentido si no existe un equilibrio. Ahora le toca a él recorrer otro tramo en el camino de la unión entre fuerza y armonía.

Esta es la senda del Aikido.

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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Vie Ago 05 2016, 09:13




Misiva para un futuro escritor

Una serie de catastróficas desdichas…
Aunque el espíritu de Orfeo se empeña en obligarme a mirar continuamente a mis espaldas, no creo ser de los que se han sentado en un sofá a ver la vida transcurrir. No puedo considerarme el niño que siempre quiso ser astronauta, médico o detective y luchó para alcanzar su meta. Lo único que se me daba bien era devorar libros como el reo cuenta días, dando tumbos por la vida al servicio de mi dispersa imaginación, pero estudié una carrera –algo tremendamente práctico hoy en día para abrirte las puertas de un futuro– porque algo tenía que elegir, a pesar de no tener claro ni quien era, y ejercí de emprendedor –con lo fácil que te lo ponen–, cuando la pasión académica se tornó en decepción laboral y falta de oportunidades.

Cuando mi camino emprendedor fracasó traté de reciclarme, pese a las dificultades externas y las barreras internas. El mundo se me vino encima a golpe del equivocado concepto que tenemos de “fracaso”, pero debía combatir ese miedo a iniciar cualquier otro proyecto manteniéndome en movimiento, así que procuré no quedarme quieto. Me formé en ámbitos diversos para intentar ganarme el pan y procuré teñir de optimismo (no sin dificultades) el obligado retorno al nido familiar, el fin de cierta independencia, la deriva de un mundo con escasas posibilidades para quien tiene formación y ganas, pero carece de experiencia o excesiva juventud. Y mientras, escribía historias para no volverme loco.

Aguanté con estoica resignación el no encontrar trabajo porque no lo he buscado bien, porque de lo mío hay, sin tener muy claro qué era lo mío, y porque aunque no fuese de lo mío, trabajo hay aunque sea para ir tirando. Porque hay que trabajar de cualquier cosa aunque sea explotado y por migajas. Porque el trabajo nos hace libres, aunque en la antigua Roma los únicos que “trabajaban” eran los esclavos. De todo intenté sacar una enseñanza, y de cada pequeño éxito y estrepitoso fracaso se filtraba una pequeña gota al tintero de mis relatos.

…que te ponen, sin quererlo, en el camino
Sin embargo, tras mucho tiempo sin atreverme a salir a flote, sin un camino claro que escoger y con la autoestima por los suelos, me di cuenta de que mi único momento de descanso me lo daba deformar la realidad hasta someterla a mis designios; escribir historias cotidianas, disparatadas, dramáticas o cómicas. Escribir para huir de los reveses de la vida, escribir para inventarme vidas alternativas. Escribir de lo que fuese, pero escribir al fin y al cabo. Por ello tomé una decisión crucial: Hacer de mi desgracia una virtud e intentar sacarle algún provecho. Hacer de mi única forma de realización personal, un camino profesional cargado de obstáculos e incertidumbres.

Por eso decidí poner los conocimientos aprendidos en tantos cursos y libros al servicio de un blog donde volcar mis cuerdas locuras en negro sobre blanco y compartirlas con quien me regalase su preciado tiempo. A raíz de ahí surgieron proyectos modestos aunque muy interesantes. Muchos alejados de mi zona de confort y de mi forma de escribir –guiones, videojuegos, cortos o libros ilustrados–, pero gracias a los cuales estoy adquiriendo mucha experiencia en los infinitos lenguajes con los que se pueden narrar historias, y cierta esperanza de convertir en realidad el sueño de trabajar en lo que amo.


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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Sáb Ago 13 2016, 09:53



Todos queremos sentirnos infinitos.

La adolescencia es una fase extraña de la vida, un período en el que vivimos nuevas experiencias que marcarán los pasos hacia el tipo de persona en el que nos convertiremos. Una fase aterradora para muchos, pero que deja tal huella, que muchos nos resistimos a abandonarla.

Siempre he sentido cierta nostalgia por esa adolescencia que recordamos sin haber vivido. Daba igual si venía envuelta con la emocionante búsqueda de un tesoro con el más noble de los fines, si te situaba en la tesitura de qué hacer con un cadáver o si sencillamente te mostraba los problemas habituales de una juventud atormentada. Y daba igual, porque había algo que unía a sus protagonistas y con lo que siempre me sentí identificado.

Fuesen películas comerciales de los ochenta o humildes cintas independientes, desesperadas por emular el espíritu de las películas comerciales de los ochenta, todas ponen en el punto de mira a ese entrañable fracasado sin remedio. Alguien alejado de los cánones del éxito que, pese a todo, sigue empeñado en demostrar que el mundo se equivoca.

Eran historias que calaban hondo, porque hablaban de una adolescencia caótica y convulsa en la que surgían los primeros amores y las primeras amistades verdaderas, que se grababan a fuego en nuestra memoria; en las que cada pequeña experiencia tenía una trascendencia absoluta y cada noche contemplativa con los amigos de siempre (que en muchos casos acababas de conocer) era como una especie de país de Nuncajamás contemporáneo que deseabas que durase para siempre.

Todos hemos experimentado algunas de esas sensaciones en mayor o menor medida, aunque supongo que para vivir plenamente esa experiencia es fundamental que seas un adolescente de lo profundo de Minnesota. Ese pequeño proyecto de escritor inseguro e incomprendido con un pasado trágico y un futuro incierto pero cargado de expectativas. Ese joven marginado que es objeto de las más insidiosas burlas por parte de las animadoras y quarterbacks de turno, pero que es su particular infierno adolescente conoce la verdadera amistad, el verdadero amor, la verdadera música, la verdadera literatura y, seguramente, las verdaderas drogas que sirvan de catalizador para que todo lo anterior sea aún más genuino. Todo ello en un verano. Supongo que lo indie tampoco está exento de clichés, aunque reconozco que estos son más tiernos y cálidos.

Me gustaría pensar que todos estos perdedores llegan a conservar eternamente, esa magia que les otorga el estar siempre un poquito fuera de la corriente y que ha enamorado a toda una generación de entrañables balas perdidas. Que mantienen esa ternura y les acompaña a lo largo de una vida de frustración, responsabilidades, fracaso y, en general, un montón de cosas de mayores a las que tarde o temprano todos debemos enfrentarnos. Que no son arrollados por la cruda realidad de enfrentarse a, bueno, la realidad.

Aunque resulte incorregiblemente ñoño, creo que ese espíritu inocente es básico para alcanzar unas metas que, aunque pueden parecer idílicas o imposibles (ese marginado que huye del pueblo que tanto le dio la espalda y logra materializar su sueño de convertirse en un gran [introduzca aquí cualquier disciplina artística]), pueden ser un pilar que sustente la base de una vida plena. Por eso es un tipo de cine y literatura, de ingesta obligatoria para soñadores empedernidos.

Porque en el fondo lo que queremos es ser aceptados por quienes consideramos iguales. Porque en el fondo deseamos compartir nuestros miedos y vivencias, sentirnos comprendidos por una minoría, en esa época en la que sentimos que nadie nos comprende. Porque, al final, esas pequeñas miserias son las que nos hacen sentirnos infinitos.

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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Mar Ago 16 2016, 01:54



Tres brazaletes lastraban su antebrazo, joyas pesadas que tintineaban continuamente en su memoria y dificultaban muchos de sus movimientos.

Uno era de marfil, formado por infinitas piezas, ajado y quebradizo, en ocasiones hermoso, pero incapaz de olvidar que procedía de un animal muerto, que pese a su sabiduría había sido incapaz de esquivar el engaño al que había sido sometido. Aquel pobre paquidermo solamente había pedido como última voluntad que, si morir era su destino, al menos le permitiesen alcanzar la eternidad como parte de las teclas de un piano. Y ciertamente aquella forma les había dado, como cruel recordatorio de lo retorcida que puede ser la mente humana; infinitos escalones musicales enlazados en espiral, que irónicamente jamás emitirían nota alguna.

El segundo estaba elaborado con semillas de Bonduc, modesta pero hipnótica por el sonido que emitían al entrechocar. Se lo había encontrado sin llegar nunca a buscarla y, como tal, jamás le dio el valor que se merecía. Estaba allí para despertarle con su armónica cantinela por la mañana, podía desentrelazarlo y entretenerse horas jugando al Awalé, que eones antes había aprendido. Sin embargo, era incapaz, aunque lo intentaba, de dejarse embriagar por sus virtudes. Su melodía al principio le había resultado inspiradora, deseable, tierna y cargada de significado, aunque con el tiempo se había tornado tediosa y aburrida, carente de incentivos. Ya por último, solamente veía en ella su peso y su falta de ornamentación, en donde otros habrían sabido encontrar infinitas posibilidades.

El tercero era el más hermoso, elaborado con cuentas de amatista y esmeralda. Había tardado décadas en encontrarlo, tras una peregrinación a través del dolor y la penitencia. Sin embargo, jamás le había llegado a pertenecer en modo alguno. Sus vivos colores violeta y verde se entremezclaban en un torbellino de emociones. Si lo miraba fijamente, tenía la sensación de entrar en un universo tan idéntico a él mismo pero a la vez tan esquivo; le hacía pasar mareado los días posteriores, vagando sin rumbo, perdido en sus propios pensamientos, y apenas consciente de aquello que le rodease. Aquel brazalete jamás sería suyo pese a que con parte de su alma había pagado para alcanzarlo. Siempre le acompañaría en el camino, recordándole que a veces el esfuerzo, el cariño, el sudor y el empeño no son suficientes, cuando el destino decide jugar a los dados con tu futuro.

Tres brazaletes sujetos a su mano izquierda, tres lecciones que frecuentemente olvidaba, tres lazos para su memoria hipertrofiada, tres cicatrices que su corazón siempre recuerda.

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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Dom Ago 21 2016, 04:00




Como todos los domingos, me dirigía tranquilamente a comprar el periódico y una barra de pan a mi kiosco predilecto, en esa prematura hora en la que se mezclan la resignación del empleado obligatorio, el entusiasmo de deportista patológico y la embriaguez difusa de trasnochador. A medio camino me crucé con una mujer entrada en años, de oronda figura y análogo humor, que me paró alegando tener cierta amistad con mi familia.

— ¡Pero cómo has crecido! — Espetó tras ponerme en situación y antecedentes — ¡Eres igualito a tu padre!

— ¡Lamento disentir señora! — Dije con rapidez — Es posible que considere tal discrepancia una afrenta ante los principios Darwinianos tan arraigados en nuestra sociedad, pero permítame decirle que, precisamente, son dichos principios y su aplicación a la sociedad los que me dan argumentos de peso para desmontar sus bienintencionadas teorías. Todos los seres vivos evolucionan de manera caótica y diversa haciendo que los que se encuentren mejor adaptados a unas condiciones concretas tengan mayor probabilidad de producir descendencia.

— Teniendo en cuenta la capacidad humana de moldear el entorno a su voluntad, podríamos afirmar que esa fuerza selectiva se ha desplazado en nuestra especie a un plano más cognitivo ¿No es cierto? — En este punto la susodicha señora mostraba una genuina estupefacción, que atribuí a mis aplastantes argumentos en contra de su taxativa afirmación.

— En una sociedad tan cambiante como esta — proseguí —, es ridículamente falaz afirmar que los procesos que me han hecho convertirme en la clase de persona adulta que soy, fueran los mismos que contribuyeron a formar el carácter de mi progenitor 25 años atrás. Su infancia, su entorno tecnológico o la tendencia social, religiosa y política que imperaba en aquella época son una sombra de la actual — ¡Por el amor de dios, si ni siquiera tenían Internet!

— Así pues — concluí, poniendo fin a mi alegato —, me veo en la obligación de contradecir tajantemente esa aseveración que tan alegremente ha soltado hace un momento.

— Bueno… — comenzó a decir la señora, claramente contrariada — yo me refería a que tienes sus mismos ojos azules.

¡Qué estúpido me sentí! Me había empeñado en construir un discurso bien elaborado en favor de mis argumentos evolutivos, cuando me habría bastado con aclararle a aquella mujer que los ojos de mi padre eran verdes.

Es más, simplemente me limité a subir levemente el ala de mi sombrero y continué mi camino sin mediar palabra, al darme cuenta de que una señora que elogia la profundidad de mis ojos azules a una hora tan temprana, cuando en realidad son de un marrón más bien oscuro, muy bien de la cabeza no puede estar.


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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Jue Sep 01 2016, 02:33



Existen inercias que nos mueven por senderos equivocados. Perdones que buscamos sin haberlos merecido. ¿Serás capaz de continuar hacia delante?
Las siluetas grises y pétreas a su alrededor impedían a los tímidos rayos del sol invernal dar algo de calidez a su ajado espíritu. Testigos mudos de la historia que parecían ajenos a la vertiginosa mutabilidad de la vida urbana.

Sus pasos, lentos pero firmes, recorrían el casco antiguo sin rumbo concreto pero con un objetivo claro. Atesorar los recuerdos que se le escapaban paulatinamente de entre los dedos. Azuzar la memoria para que hiciera un último esfuerzo.


Muchos años había tardado en construir todo lo que ahora se erigía en derredor. Cada pequeño rincón donde había recibido un abrazo, robado un beso, compartido un secreto o regalado una dulce sonrisa, adquirían forma y presencia donde antes imperaba la anónima nada.

Paseando por esas calles recordaba un tiempo pasado que realmente le había pertenecido y que había desaparecido sin ser consciente de su pérdida. Las construcciones eran cada vez más difusas y ajenas, como si ya no formasen parte de su vida. Las iglesias y tiendas le miraban con muecas burlescas haciéndole entender que su presencia era un estorbo en el nuevo orden de las cosas.

Se preguntaba cómo podría cambiar algo que creía tan inamovible. La ciudad que durante años le había concedido una identidad personal y un cálido escondite de sí mismo, ahora le trataba como si resultase ajeno e irritante.

Muchas preguntas hacía a aquellas piedras que ahora le daban la espalda con arrogante indiferencia. Clamaba por cualquier cosa que le hiciese entender la naturaleza del cambio, pero ninguna respuesta sincera recibía; solo susurros opacos y vagas frases sueltas que lo sumían en la más profunda de las desdichas.

En cada letrero de aquella ciudad veía mensajes ocultos e indescifrables. Cada movimiento de sus habitantes le abría un camino a explorar, pero todos terminaban en un callejón sin salida.

Poco a poco, su incomprensión se tornó en resentimiento y lo que antes le impulsaba en dirección a un futuro prometedor, ahora le hacía entornar los ojos con desconfianza, obligándole a dejar aquella urbe que le había acogido tantos años. Empacó lo poco que le quedaba de valor, y comenzó el tedioso ascenso hacia la colina que coronaba su infierno personal, en busca de otra ciudad que fuese más benevolente con aquel estúpido anciano. Cada paso incrementaba su enfado, pues nadie de aquel pueblo con ínfulas había venido a despedirse, ni hacía nada por evitar su partida, pese a haber dado lo mejor de sí mismo para hacer crecer calles y plazas. Se sentía nimio e insignificante.

Cuando alcanzó el promontorio más elevado, sus ojos derramaban impotencia y su espalda cargaba con el peso de la osadía. Echó un último vistazo hacia su pasado y contempló por primera vez en mucho tiempo la ciudad en su totalidad. Le sorprendió la complejidad y vitalidad que desbordaba. De pronto, observó cómo se iba diluyendo su ira a medida que el cuerpo se desinflaba. Por primera vez entendía realmente su profunda inmadurez pretendiendo que una ciudad entera dependiese de él para funcionar, o tan siquiera le debiese algo. Cuán estúpido había sido pensando que ella le daba la espalda, cuando era él quien la dejaba de lado. Aquella ciudad latía con fuerza inusitada por el pálpito de miles de corazones y el suyo no era más que un raído sentimiento que había complementado, durante un tiempo, la esencia de un espíritu cambiante.

Clamaba por una explicación inexistente, pues tratar de modelar los poderes intrínsecos que manejaban aquella ciudad era como golpear un muro con una pluma de escribano. Había comprendido por fin su error y aun así sabía que tardaría en olvidar. Nunca dejaría de intentar comprender aquella maravillosa y compleja construcción que le había hecho crecer como persona. Y aunque cometiese mil errores más, nunca cejaría en su empeño de arreglar todos y cada uno de ellos.

Sentado en la colina dejó pasar las horas, empapándose de la vida exudada por su entorno y deseando que no fuese demasiado tarde para volver a pasear por aquellas calles, aunque fuese sin comprar en sus locales. Su único deseo era compartir sus experiencias, miedos y desdichas con los callejones por donde tanto había deambulado. Que le hubiesen expresado sus sinceros sentimientos en lugar de mirar hacia otro lado por orgullo. Al menos eso le habría evitado elegir tantos caminos equivocados. O al menos entender el por qué de sus pasadas elecciones. Merecía que le tendiesen el puente plateado del castillo.

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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Mar Sep 27 2016, 03:01



Le gustaba y hubiese deseado poder gustarle una milésima parte de lo que ella le deseaba entre sus sábanas.

Con un simple átomo de pasión se conformarían sus jóvenes pero cansados huesos, pues un átomo encerraba en su interior la energía de miles de universos. Un átomo podía crear y destruir mundos con la facilidad de una sonrisa y era capaz de producir reacciones poderosas, si se aplicaba la energía adecuada.
Pero ni ese átomo tenía, ni un electrón de cariño fue capaz de arrancar. Fracasó queriendo que el apuesto desconocido, que leía ausente en el asiento de aquel destartalado metro, levantase la mirada y anhelase la calidez de sus besos. Y cuando se carecía de aquella mínima partícula, todo se reducía a la inerte nada.

Seguro que él tendría novia, o puede que detrás de aquella fachada de distraído bohemio interesante, se escondiese la superficialidad más inmadura. Tal vez era un borde desmedido y seguro que follaba fatal. ¡Dios, por qué demonios no se fijaba en ella! ¿Qué podría tener de malo, para que aquel atractivo imbécil no levantase la cara del estúpido libro?

Sonó la metálica voz anunciando la próxima estación, al tiempo que él levantaba la vista. Sus ojos se encontraron fugazmente, mientras guardaba el libro en su mochila y salía por la puerta del vagón. Fue una mirada rápida pero cómplice, a la vez que sorprendida, como si se acabase de dar cuenta de la extraña belleza que había estado delante de sus ojos, sin percatarse después de tan largo trayecto, y que había dejado escapar. O al menos eso pensó ella. Todo terminó, incluso antes de empezar.

Sin embargo, se convenció inmediatamente a sí misma, de que el momento era su enemigo y que una atracción de semejantes fuerzas en aquellas condiciones podría haber originado, a la larga, un cataclísmico Big Bang. ¿Y quién ella era para desafiar al Universo?


Con la tranquilidad de quien acababa de salvar innumerables vidas del desastre, volvió a darle al play de su reproductor y siguió leyendo la novela gráfica que se acababa de comprar, sin percatarse del tímido joven que, desde el otro lado del vagón, la miraba día tras día de camino al trabajo, convenciéndose a sí mismo de que mañana encontraría el valor para preguntarle su nombre.

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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Sáb Oct 22 2016, 02:39



Un viaje sin retorno

El domingo pasado mi corazón quedó hecho pedazos, pero de sus restos surgió algo mejor y necesitaba contarlo de manera cruda y directa, despojado de las pieles del relato.
Todo comenzó poco antes de las ocho y media, cuando encendí el televisor para poder ver el estreno de Astral, aquel documental de Salvados que tanto habían anunciado, sobre la labor que ProActiva Open Arms está realizando en el Mediterráneo para salvar de una muerte segura a quienes se juegan la vida día tras día en busca de una vida mejor. Por si esto fuera poco, a este reportaje le siguieron otros dos, sobre los refugiados sirios en Jordania, y sobre los inmigrantes que tratan de cruzar la valla de Melilla, por lo que la noche se prometía intensa.
Siempre he puesto la labor de las ONG en una especie de cuarentena moral por la estructura y funcionamiento opaco de muchas de ellas (salvo honrosas excepciones) y porque pienso que al final terminan, sin quererlo, sirviendo como justificación y escudo de las grandes instituciones gubernamentales que las utilizan para lavarse las manos de su verdadera responsabilidad. Sin embargo, reconozco que muchas veces visibilizan una realidad que de no ser por ellas quedaría relegada al olvido. Por eso estaba expectante por ver la realidad que Jordi Évole y compañía me lanzarían a la cara sin cortapisas. Directo al mentón, como viene siendo habitual.
A medida que pasaban los minutos y crecía el nudo en mi garganta, ante mí se presentaban testimonios inverosímiles. Jóvenes, viejos, mujeres y niños luchando contra lo inevitable en un mar inhóspito y hostil, con la única promesa a cuestas de que la posible muerte en el fondo del Mediterráneo es más esperanzadora que la vida que dejan en sus países de origen. Familias enteras divididas cuando no masacradas. Seres humanos tratados como jaurías, encarcelados en improvisadas ciudades de concentración para refugiados que huyen de una guerra a la que el mundo entero le ha dado la espalda, en un país que siempre acogió con las casas abiertas a sus vecinos cuando necesitaron refugio. Personas que han recorrido todo un continente para saltar una valla mortal, porque les queda tan poco que ya ni las mafias quieren aprovecharse de su angustia.
Poco a poco descubro sus historias, su nombre, su discurso y su pasado. Veo esperanza en sus miradas, pero también tristeza, desesperación, cansancio, alegría, incertidumbre, bondad, agotamiento, llantos, impotencia o incredulidad. Demasiados sentimientos contenidos por demasiadas almas con un futuro incierto. Pero a medida que todo esto se muestra ante mis ojos, sus historias se convierten en mías y mis problemas pasan a un segundo plano.
Esos rostros que saludan desde una lancha medio hundida, desde un contenedor provisional o desde una tienda hecha de ramas y plásticos en lo alto de un limbo multicultural, se convierten en caras familiares con un pasado conocido, un presente oscuro y un futuro completamente incierto.
Las imágenes desfilan ante mí convirtiendo esa masa informe de temores y estadísticas devastadoras que riegan los noticiarios, en realidades con sueños idénticos a los míos, con unos proyectos de futuro que la casualidad pulverizó por tener la mala suerte de nacer debajo de la alfombra del mundo libre. Y lo peor es que solo han avanzado un par de millas en esa pesadilla. Lo peor no es más que un rumor lejano. Todos son inmigrantes, todos son refugiados, todos son simplemente personas con demasiados problemas para preocuparse de su nomenclatura.
Documentales como este hacen que se revuelva algo en mi interior. A corto plazo muchos (los que pueden) irán corriendo a realizar donaciones, y eso está muy bien —aunque no son los particulares los únicos que deberían tomar parte en esta contienda—, pero su éxito más importante radica en el medio plazo, en el remanente que queda en un rincón de tu conciencia y que va creciendo poco a poco.
Al levantarte a la mañana siguiente, después de mucho tiempo de frustración y ánimos bajos, ves la vida desde otra perspectiva, disfrutas de unas fuerzas extrañamente renovadas. Con ganas de salir ahí fuera y comerte el mundo. Con ganas de luchar, aunque sea en una empresa tan egoísta como la de tratar de salir del propio barro.
Con un poco de suerte, acciones como ésta arrojarán un poco de luz a nuestro corazón, nos abrirán los ojos y nos harán crecer como personas. Porque si alguien es capaz de lanzar a su propio hijo a un vagón con rumbo a lo desconocido para luchar por un futuro, nosotros tenemos la obligación moral de empezar a mover el culo.


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Re: <<<El tintero infinito>>>

Mensaje por fabiolaselene el Jue Nov 24 2016, 10:31



El Alfiler

La burbuja de todos. La burbuja de nadie. La nuestra. La de cada uno de nosotros. La tuya para tus reflexiones. La mía para este escrito seco y privado de sustancia dramática como esa que imprimes. Ésta burbuja que he dejado de limpiar de modo tan cuidadoso con un trapo para que reluciente quede y en su vez he intentado a toda costa fabricar un alfiler lo suficientemente agudo que me permita reventarla, para así, caer mediante esa fuerza de atracción terrible,quiero acercarme a otras ventanillas e invitar al cobarde ser a salir, y a comenzar a vivir.
El mundo, es cierto; intenta romperla a toda costa, y entre mas se aferran a destruirla, de forma inevitable se va volviendo más dura e impenetrable, acorazándose, protegiendo al inofensivo ser que habita dentro. Gracias a eso, el protegido no sufre, no siente heridas, pero tampoco siente el viento, ni siente lo hermoso que hay afuera. Temeroso en su caparazón, en su pequeña burbuja, egoísta, donde permite la entrada de nadie.
Y si ve que alguien se acerca a pretender quererlo, le muestra sus uñas y sus afilados dientes como al peor de los enemigos, cerrando inclusive la pequeña ventanilla abarrotada. Maldito miedo al dolor. Maldito miedo a las caídas. No nacimos en esa burbuja. Cada vez nos hacemos más ajenos a este mundo, ahí encerrados.
Quiero romper mi burbuja con el alfiler, para estrellarme, hacerme mierda con el suelo y sentir el dolor en carne viva, sentir la sangre humedecer mis labios y mis dientes rotos. Sentir como se estremecen mis sentidos. Una vez que sea libre de esa engañosa coraza.

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Re: <<<El tintero infinito>>>

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