Feminología: la mujer en la literatura y el mito

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Feminología: la mujer en la literatura y el mito

Mensaje por misterio el Dom Ago 25 2013, 19:45

Abrahel: la reina de los súcubos




Abrahel, la reina de los súcubos.


Abrahel, llamada la Reina de los súcubos, se dedica especialmente a seducir a hombres de ascetismo dudoso, más puntualmente a campesinos y varones de poca instrucción formal.


Para ello adopta la forma de una mujer bellísima que los cautiva de inmediato. Acto seguido dispone de ellos a su antojo, llevándolos a cometer verdaderas locuras para saciar sus caprichos.


En su obra Demonolatría, Nicolás Remy la describe con una mezcla de respeto y pavor. Allí aporta un detalle indescifrable, que podría ser tanto una crítica como un elogio: en el instante en el que Abrahel se manifiesta, y con apenas contemplarla, "todos los miembros del observador se vuelven rígidos".


Es nuestro deber sugerirle a nuestros lectores con deficiencias prostáticas que se abstengan de invocar a Abrahel, en especial si se busca soslayar estos padecimientos


Lamentablemente Abrahel suele agotar rápido la vitalidad que otorga su presencia. Frente a ella todo vigor es fugitivo.


Para aquellos que suelen despertarse en medio de la noche con sus atributos en alza, lamentamos anunciarles que ya son víctimas nocturnas de Abrahel, y nada podemos hacer para ayudarlos.


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Algún día nos amamos.
Robert Louis Stevenson.

"Entre la espesura de bayas y las islas de juncos, como a través de un mundo que sólo fuera cielo, oh firmamento invertido, la barca de nuestro amor se deslizaba. Brillantes como el día eran tus ojos, radiante fluía la corriente y era radiante el vasto y eterno cielo.

Cuando murió la gloria en el dorado crepúsculo, resplandeciente ascendió la luna, y llenos de flores al hogar regresamos. Radiantes fueron tus ojos esa noche, habíamos vivido, oh amor...Oh amor mío, habíamos amado.

Ahora el hielo envuelve nuestro río, con su blancura cubre la nieve nuestra isla, y junto a la lumbre invernal Joan y Darby dormitan y sueñan. Sin embargo, en el sueño, fluye el río y la barca del amor aún se desliza...
Escucha el sonido del remo al cortar sus aguas. Y en las tardes de invierno cuando la fantasía sueña en el crepitar de la chimenea, en sus oídos de viejos enamorados el río de su amor canta en los juncos.


Oh amor mío, ama el pasado...
pues algún día fuimos felices...
y algún día nos amamos. "



Robert Louis Stevenson.




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Alice Liddell: el origen de Alicia en el País de las Maravillas.




Alice Liddell (1852-1934), a menudo conocida por su nombre de casada, Alice Hargreaves, es una de las pocas mujeres de la historia en ser inmortalizada en un cuento infantil. Más aún, Alice Liddell no solo fue retratada, sino que fue la fuente de inspiración de una historia seguramente conocida por todos. Hablamos de Alicia en el País de las Maravillas (Alice's Adventures in Wonderland).

Alice Liddell fue la cuarta hija de Lorina Hanna Reeve y Henry Liddell, decano de la Iglesia de Cristo de Oxford. Se crió en compañía de Charles Lutwidge Dodgson, un amigo de la familia, y sus dos hermanas más queridas, Edith y Lorina, con quienes inició, ya en la adolescencia, un largo viaje por Europa, durante el cual entabló un romance fulminante -y clandestino- con el príncipe Leopoldo, el hijo más joven de la reina Victoria de Inglaterra. La evidencia sobre estos amores ilegítimos es muy discutida, aunque podemos pensar a favor de él a causa de dos decisiones: el príncipe bautizó Alice a su primera hija mujer, y fue padrino del primer hijo varón de Alice Liddell, llamado Leopold. Para otros, esta secuencia de casualidades fue una distracción montada para ocultar el verdadero receptáculo de las atenciones del príncipe: Edith, hermana de Alice Liddell.

Alice jamás perdió contacto con aquel viejo amigo de la familia, Charles Dodgson, un fotógrafo y matemático veinte años mayor que había adoptado el seudónimo de Lewis Carroll. El vínculo entre ambos surgió en la tarde del 4 de julio de 1862, cuando el joven Charles Dodgson, de casi 30 años, se comprometió a llevar a Alice, de apenas 10, Edith, de 8, y Lorina, de 13, a un día de campo. Para entretener a las muchachas, y acaso para evitar las náuseas que le produjo un largo paseo en bote, Charles comenzó a inventar historias; relatos fantásticos, sin pies ni cabeza, sobre una niña llamada Alice que inconvenientemente se caía en la madriguera de un conejo.

La relación entre Alice Liddell y Charles Dodgson está llena de controversias. Para algunos biógrafos existió una especie de vínculo abominable entre ambos, especialmente de parte de Dodgson, quien se habría enamorado de Alice durante sus primeros años de adolescencia. Para otros, la relación fue meramente platónica, y jamás pasó de una amistad y admiración sinceras. Como se supo a través del diario personal de Charles Dodgon, la historia de Alicia le fue sugerida por el brillo insondable en los ojos de la pequeña Alice Liddell, un pozo que al parecer no tenía fin...

La historia, desde luego, tuvo un gran impacto en las muchachas, que le comentaron el hecho a su padre, Henry Liddell, quien se comunicó rápidamente con Charles Dodgson para que éste se lo escribiera y así regalárselo a sus hijas. Los meses pasaron, hasta que a mediados de noviembre de 1862 Charles se presentó en la casa de los Liddell con un voluminoso manuscrito titulado: Las aventuras subterráneas de Alicia (Alice's Adventures Under Ground).

Al atestiguar la mirada de júbilo de la joven Alice, Charles Dodgson decidió que el cuento quizás era mejor de lo que pensaba. En la primavera de 1863 le envió un manuscrito a un amigo, el escritor George MacDonald, quien se consideró incapaz de juzgarlo, de modo que le cedió el manuscrito a sus hijos. Al parecer, los niños quedaron encantados con el relato, e intimaron al padre a que asista a Charles Dodgson para publicarlo. Un año después, Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (Alice's Adventures in Wonderland) apareció editado con ilustraciones de John Tenniel. El 1871 se publicó una secuela: A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (Through the Looking-Glass and What Alice Found There).

El vínculo entre Alice Liddell y Charles Dodgson se rompió súbitamente en junio de 1863. Todo parece indicar que los Liddell detectaron algunas anomalías en la personalidad de su hija, y se las atribuyeron a la cercanía con el escritor. Este misterio ha generado un amplio campo de especulación. Más aún, la página en el diario íntimo de Charles Dodgon fechada en el momento de la ruptura fue arrancada y jamás fue hallada.

En 1926, acosada por deudas, Alice Liddell se vio obligada a vender aquel manuscrito original del relato. Las aventuras subterráneas de Alicia fue vendido al precio irrisorio de 15.000 libras. El manuscrito pasó por las manos de varios coleccionistas privados, hasta que fue expuesto en el centenario del nacimiento de Charles Dodgson (Lewis Carroll) en 1932. Alice Liddell, de ochenta años, partició de la ceremonia. Algunos testigos afirmaron que sus ojos efectivamente eran insondables como un abismo, aunque nadie supo detectar si aquella profundidad era parte de la emoción del recuerdo o de un trauma que el tiempo no logró cicatrizar del todo


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Allison V. Harding: la reina de Weird Tales.


Weird Tales fue el vértice cósmico del relato pulp, hacedora de incontables misterios narrativos. Uno de ellos, sin embargo, excede el ámbito de sus páginas amarillentas y se proyecta más allá. 


Durante más de una década Weird Tales tuvo una reina, una reina secreta, enigmática, sobre la que poco (o nada) se sabe. Su seudónimo era Allison V. Harding.

Allison V. Harding fue una de las escritoras más prolíficas de Weird Tales. Entre 1943 y 1951 publicó alrededor de 36 relatos en la revista; mucho más que cualquier otra mujer, entre ellas, Catherine L. Moore, Sonia Greene (esposa de H.P. Lovecraft), Margaret St. Clair, e incluso más que muchos autores reconocidos, como E. Hoffmann Price, David H. Keller, Frank Belknap Long, Carl Jacobi y Ray Bradbury.

Su primer éxito fue El hombre húmedo (The Damp Man), una especie de acosador de mujeres indestructible -y notablemente gelatinoso- publicado en la edición de julio de 1947 de Weird Tales. A pesar de que este caballero indeseable fue prolijamente masacrado al final del cuento, retornó en dos ocasiones para alegría de lectores y comedidos: El hombre húmedo regresa (The Damp Man Returns), en septiembre de 1947; y Nuevamente el hombre húmedo (The Damp Man Again) en mayo de 1949.

El último relato publicado de Allison V. Harding fue Alcance (Scope), en enero de 1951. Después de él, Allison V. Harding desapareció para siempre de Weird Tales. Más aún, su seudónimo jamás volvió a firmar cuento alguno, nunca se realizó una antología sobre su obra, por cierto, muy popular por aquellos años, y mucho menos una entrevista.

Algunos estudiosos de la cultura del relato pulp sugieren que Allison V. Harding nunca existió. Sería, en cambio, el seudónimo de Jean Milligan. Según Sam Moskowitz (1920-1997), autor de numerosos ensayos sobre la orbita de Weird Tales, Jean Milligan ejerció como abogada en la ciudad de Nueva York durante los años 40'. Esto es lo único que se sabe con certeza sobre su vida. Incluso cuando se pudo acceder a los archivos de Leo Margulies, editor en jefe de Weird Tales, la ficha personal de Jean Milligan apareció en una lista de archivos destruidos durante la década de 1960.

Estimulados por el misterio de Allison V. Harding un grupo de entusiastas lectores de Weird Tales comenzaron a investigar la vida de Jean Milligan. Efectivamente existió una abogada en Nueva York con ese nombre, y de hecho pertenecía a una familia bastante acaudalada. Tras una pesquisa más profunda se obtuvo un único dato concreto. Jane Milligan, notablemente elusiva (o muy capaz para cubrir sus pasos), nació en 1919, aunque jamás se hallaron registros académicos, jurídicos, y ni siquiera civiles, que aporten mayores datos.

Recordemos brevemente el caso de Catherine L. Moore, que publicó en Weird Tales bajo el seudónimo de C.L. Moore, a causa de los prejuicios que caían sobre la publicación, a menudo señalada como violenta, e incluso inadecuada. Catherine L. Moore, esposa de Henry Kuttner, operó el cambio de su nombre por un sencillo motivo: temía perder su trabajo como secretaria bancaria. Quizás podríamos trasladar este móvil a la misteriosa Allison V. Harding, una abogada prominente que no se atrevió a poner en riesgo su ocupación para perseguir lo que dictaba su imaginación.

El misterio de Allison V. Harding es un misterio menor, un misterio miserable, si se quiere, pero que se ajusta a la sencillez de los enigmas cotidianos: una mujer de clase alta, hija de una familia acaudalada, que en las noches oscuras, al amparo de la mirada inquisitiva de su marido e hijos, desecha los jirones del día para consignar pesadillas lúbricas en una de las revistas más escandalosas de su época. No es curioso que su personaje más popular, aquel Hombre húmedo que perseguía y atormentaba a las mujeres en las lóbregas calles de Nueva York, fuese un ente imposible de repeler. Su presencia, al igual que la necesidad de escribir, crece y adopta formas irreconocibles para el que ejecuta ese acto sencillo, y a la vez aterrador, de sentarse frente una hoja en blanco.

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